En la mesa de conversación y análisis “Depredación de los territorios de pueblos indígenas” organizada por Convoca.pe como parte del II Congreso de Periodismo de Investigación desde las Regiones, los periodistas Edilma Prada, de Agenda Propia, EIA (Colombia), María Ramírez, de Correo del Caroní (Venezuela), Manuel Calloquispe, periodista independiente de Madre de Dios (Perú) y Joseph Poliszuk, de Armando.info (Venezuela), explicaron su experiencia haciendo periodismo ambiental, y trabajando con comunidades nativas indígenas.
 

El conversatorio tuvo como primer tema -planteado por el moderador César Molinares de 360 grados y RIN del Centro Pulitzer (Colombia)- el contexto de invasión y depredación de los territorios indígenas en los países de los ponentes.

María Ramírez comenzó diciendo que el territorio amazónico de Venezuela es el que tiene la mayor proporción de territorios indígenas y áreas naturales afectadas por la minería ilegal, esto sumado a la depredación y los grupos armados, formaba parte del contexto en el que los periodistas venezolanos tuvieron que moverse para visibilizar esa situación, y para intentar lograr que cambie. Lo que buscaban era generar algún tipo de reacción a partir de su trabajo periodístico.

Joseph Poliszuk añadió que en el sur de Venezuela está la mayor cantidad de población indígena, pero también en la selva amazónica. Mencionó que hay un incremento desmesurado de la minería ilegal, y que a partir de ello habían intentado trascender la denuncia que siempre se tuvo de las comunidades indígenas y de los sectores locales. La decisión que se tomó fue que, a partir de IA, se haría un rastreo satelital para encontrar las minas, y usar el mismo como un mapa para saber a dónde ir y a quién contactar. Habiendo hecho esto pudieron ver un fenómeno de transculturización que tuvieron los indígenas venezolanos con un cocktail de grupos irregulares, como la guerrilla colombiana, garimpeiros y la propia mafia venezolana.

Edilma Prada, por su parte, habló de la realidad de los pueblos indígenas en su propio país, Colombia, mencionando que era muy compleja, comenzando por la distribución territorial. Recordó que en Colombia hay 33 millones de hectáreas distribuídas en 787 resguardos indígenas de 115 pueblos, en distintas zonas del país, y que toda esta realidad de tierras eran de interés de distintos grupos, entre ellos los grupos armados, como, en su momento, la guerrilla de las FARC, y actualmente, el ELN, incluyendo grupos paramilitares. Dijo que la realidad sigue siendo la misma, que el interés de grupos armados por corredores de estos territorios indígenas para el narcotráfico es un tema real, al igual que la ocupación ilegal de estos grupos armados para sembrar coca y marihuana, y que la dinámica más reciente de estos tiene que ver con la extracción ilegal de minerales, como el oro, que se da también en zonas de frontera. Sumó a esto los temas de madera ilegal y las violaciones a derechos como la consulta previa. Entrando en términos legales, dijo que incluso el Estado tiene cierto interés en estos territorios, a través de prácticas ilegales. Y finalizó mencionando los intereses de industrias petroleras y la cobertura de los bonos de carbón.

Manuel Calloquispe tocó la realidad de Madre de Dios, Perú, en la cuál habitan 39 comunidades nativas. Dijo que uno de los primeros problemas que tuvieron, fue la penetración para tala ilegal de manera, pero que aún así, era un elemento pasivo. Lo que generó un enorme caos, devastación y deforestación del territorio, fue la depredación de la minería en los últimos años. Mencionó que de las 39 comunidades, aproximadamente 16 tenían serios problemas con la minería, pues sus territorios habían sido invadidos. y alrededor de 6 ya no tenían territorio ni bosque, pues la gran mayoría de su área y comunidad ha sido totalmente deforestada y ocupada por la minería ilegal, que depreda y contamina los arroyos. Manifestó que estos grupos mineros tienen seguridad, gente armada que los protege, y que por ello, cuando fue a cubrir una nota apoyado por los propios comuneros, tuvieron que ir resguardados, pues donde los mineros operan hay vigías que portan armas y disparan contra personas, intrusos o los propios comuneros. Concluyó diciendo que los problemas que los pueblos indígenas tenían en Madre de Dios, eran los mismos que se daban en toda latinoamérica.

El siguiente punto que se tocó en el conversatorio, trató las dificultades que los ponentes, como periodistas, presentaban al abordar estas problemáticas, y cómo las superaron.

María Ramírez respondió que, además de todas las limitaciones logísticas que implica vivir en una zona con una superficie extensa, con dificultades para conseguir combustible o vehículos y lidiar con la hostilidad de grupos armados, al llegar al territorio de las comunidades indígenas, lo más complicado fue lograr que éstas confíen en los periodistas, justamente por las malas experiencias han vivido. Recordó que como periodistas deben, primero, establecer un lazo de confianza, y decirles que están ahí para escuchar su realidad, respetando y entendiendo su cultura y estructura.

Joseph Poliszuk acotó que una de las cosas más importantes y fundamentales era hacer periodismo tradicional. Complementando la idea de María, recordó que, si en las grandes ciudades de Venezuela, donde hay organismos de protección, hay miedo para muchas fuentes; en el sur de Venezuela, en la selva, es mucho más difícil, de manera que uno de los obstáculos más grandes, además de la accidentada geografía y la falta de combustible para el transporte, era el miedo. Por ello, decidieron no ir a las comunidades con los ojos vendados, sino guiarse de un mapa satelital, para poder entender y abordar a estas comunidades afectadas, indígenas y locales.

Manuel Calloquispe mencionó que, al haber nacido y vivir actualmente en Madre de Dios, era bastante complicado para él ir a las comunidades, levantar una nota, que iba a golpear a los grupos organizados que protegen a los mineros, y después quedarse en la localidad. Manifestó que, actualmente, hay un foco de minería ilegal llamado “La Pampa”, el cuál es “tierra de nadie”, sin ley y sin Estado, donde manda el crimen organizado que protege a los mineros. Ese crimen organizado se ha trasladado a otras áreas de la ciudad, principalmente en las que las comunidades nativas habitan; penetraron y empezaron un régimen de cobro de cupos a transportistas y, en general, controlan la zona, afectando al tránsito de los mismos comuneros. Recalcó que para poder entrar a una comunidad, uno debía estar bastante seguro de quién lo estaba guiando, porque esta persona podría ser parte de los mineros, pues con el tiempo, ellos han compenetrado a la comunidad y ofrecido regalías a muchos comuneros, de los cuales bastantes han aceptado. Finalizó insistiendo en que se debía tener mucho cuidado y tratar con personas de confianza al momento de ingresar a estos territorios.

A su vez, Edilma Prada señaló que, en Colombia, actualmente hay nuevas estructuras criminales que no tienen una línea política o ideológica, como en su momento lo tenían las FARC, entonces es mucho más difícil reconocer estos grupos. Esto afecta la seguridad de los territorios y también la misma seguridad de los periodistas que cubren estos temas. Añadió al tema de acceso que en estas comunidades, las cuales viven en lugares apartados, hay dinámicas de conflicto muy complicadas en este momento. Y, entrando en el tema de confianza, mencionó que su metodología era trabajar con pueblos indígenas con comunicadores y hacer un trabajo de tejido de confianza antes de entrar a un territorio, y que esa era la solución que habían encontrado frente a la desconfianza histórica que tienen estas comunidades hacia los periodistas y hacia los medios de comunicación. Añadió que otro problema que tenían era el acceso a la información pública por parte del Estado, pese a que hay normas que exigen que la información sea pública. Señaló que tuvieron que contratar abogados que pudieran ayudarlos a acceder a esa información. Y concluyó diciendo que otra gran dificultad era la falta de conocimiento por parte de los periodistas, respecto a las normas nacionales e internacionales que amparan a los pueblos indígenas.

La última interrogante del conversatorio trató cómo pudieron alcanzar y enganchar a  la audiencia, y qué enfoques y métodos implementaron a sus narrativas.

Joseph Poliszuk aseguró que ese era un reto que todos los medios tenían, y mucho más ellos, al tocar un tema no tan popular y no tan conocido que no capta mucho interés, como lo es el tema indígena y todo lo que pasa a su alrededor. Recalcó que el desafío que tenían como periodistas era saber cómo poner la lupa y el acento sobre temas tan graves como la transculturización que sufren, en el caso del sur de Venezuela, las comunidades indígenas, a causa de las invasiones de grupos irregulares. Subrayó que uno de los aciertos que tuvieron fue emplear la tecnología, y que gracias a ella pudieron, por ejemplo, probar que hay pistas clandestinas que, años atrás, muchos indígenas venían denunciando en más de 10 organismos públicos del estado, siendo ignorados. Terminó diciendo que es bueno cruzar diferentes técnicas para investigación, como en su caso se cruzaron la tecnología y el periodismo tradicional.

Por su parte, Manuel Calloquispe señaló que prefería la discreción, mantener una conducta no tan pública y movilizarse sobre los gremios de base de la localidad. Las notas que realiza, las ofrece a distintos medios, por ejemplo, El Comercio, Latina y el portal web Inforegión. Mencionó que las notas no siempre son publicadas, pues la coyuntura política y otros temas cubren los espacios y la Amazonía es un tema que queda relegado, por eso debía esforzarse en presentar de la mejor manera el encabezado de la noticia para que los editores puedan tomarlo en cuenta y autorizar que se haga la nota con mayor profundidad, recogiendo testimonios y tomando fotos, lo cual crea un mayor compromiso.

Respecto a la independencia de las comunidades, Edilma Prada menciona que es un reto y que, en el caso de Agenda Propia, mezclaban las técnicas del periodismo tradicional con la sabiduría de estos pueblos, haciendo entrevistas grupales, usando cartografía social o mapeos comunitarios para poder informar a tiempo. Por el lado de los periodistas indígenas, agregar otras voces, independientemente de si son indígenas o no, a sus historias; y por parte del periodismo occidental, priorizar las voces de las comunidades. También dijo que era importante reconocer a los periodistas indígenas como tales y no darles la espalda. Señaló que en Colombia el 4% de la población total es indígena, contrario al discurso histórico que los hacía ver como una minoría, creando una cortina de humo para que no se mire hacia sus territorios, los cuales han sido históricamente saqueados. Recalcó que todo esto representaba una gran amenaza que llevaba a un punto de no retorno, no solo para la tierra, sino también para la realidad de los pueblos indígenas, quienes están en riesgo de exterminio. Concluyó diciendo que hay críticas sobre las formas en que los periodistas hacen periodismo, en su caso, la vinculación de las comunidades, y que desde su punto de vista, está bien acompañar a los pueblos indígenas y dales la oportunidad de participar en la co-creación de la historia y en la co-creación de contenido, para que también públicos no indígenas, que son la mayoría, puedan saber qué es lo que pasa en estos territorios y que la diversidad cultural está en riesgo de exterminio en estos momentos.

 

* En colaboración con: Andrea Allison Ramos Silva y Jesús León Angeles.
* El Congreso de Periodismo desde las Regiones es un encuentro organizado por Convoca.pe y aliados que busca descentralizar la visión y práctica de la profesión periodística.