Hay una paradoja que César Martinelli, economista y catedrático, no podía dejar de mirar: el Perú redujo su pobreza de forma sostenida entre 2002 y 2019, uno de los mayores logros económicos de la región, y sin embargo los distritos más pobres del país votaron masivamente por Roberto Sánchez de Junto por el Perú, el candidato que encarna la insatisfacción con ese mismo rumbo. Para Martinelli, tiene explicación.
"No es que la gente esté descontenta con lo avanzado. Lo que pasa es que la gente quiere más", sostuvo el economista en una nueva edición de Convoca En Vivo, donde presentó un análisis estadístico que cruza niveles de pobreza por distrito con los resultados electorales de la primera vuelta.
El mapa que lo dijo todo
Todo partió de superponer mapas. Al hacerlo, Martinelli observó un patrón claro: "el voto urbano ha ido hacia ciertos candidatos, López Aliaga y Jorge Nieto, en particular parte de Keiko Fujimori. Y el voto rural, pues ha partido, y mucho del voto rural en las zonas más pobres fue hacia Roberto Sánchez."
Para cuantificar esa relación, construyó un gráfico donde cada punto representa un distrito del Perú. El tamaño del punto refleja el tamaño de su población y el color indica el porcentaje de habitantes que hablan una lengua originaria o amazónica.
El resultado fue contundente. La regresión ponderada muestra una correlación fuerte entre pobreza y voto por Sánchez, pero la curva más reveladora es la regresión local ponderada: "la incidencia de la pobreza en el voto por Sánchez es más fuerte a niveles intermedios de pobreza", precisó.
En su estimación, la cifra es precisa: "10 puntos porcentuales más de pobreza a nivel del distrito significan seis puntos porcentuales más de voto por Juntos por el Perú. Es una correlación muy fuerte."
Un voto que representa insatisfacción
Ante quienes sugirieron que la correlación desaparecería al controlar por idioma o tamaño de población, Martinelli fue directo: "La correlación no se va. La economía importa."
Su interpretación del fenómeno apunta a la naturaleza del voto: "Este es un voto que representa insatisfacción y demanda por más. No es un tema retrospectivo, sino prospectivo. No es que la gente esté descontenta de lo que tenemos ahora versus lo que teníamos hace 20 años. Lo que pasa es que la gente en las zonas más alejadas o en las zonas menos atendidas espera más."
Sobre la dimensión cultural del análisis —el peso del porcentaje de hablantes de lenguas originarias— aclaró que "no queda claro si este es un efecto de la lengua originaria o de la geografía", ya que a mayor altitud "menores han sido las demandas atendidas de la población", con peores locales escolares y menor cobertura de salud.
Una demanda clara: mejorar el gasto público
Martinelli distinguió este conflicto de otros más difíciles de resolver: "Cuando nos peleamos por razones ideológicas, o por religión, o por razones culturales, las esperanzas de llegar a un acuerdo son mucho más chicas. Si la pelea finalmente es porque hay zonas que están demandando más atención del gasto público, mejor gasto público para empezar, esa es una pelea que podemos resolver en la mesa."
Y precisó dónde están los déficits: "Hemos avanzado mucho en la parte macroeconómica, en la estabilidad monetaria, en cuentas fiscales prudentes, pero no hemos avanzado lo suficiente en temas como salud y educación, donde existe una enorme desigualdad a nivel regional."
Puso un ejemplo concreto sobre educación: "Ha aumentado el gasto en educación, pero mucho del gasto ha ido a remuneraciones y la calidad de los locales escolares se ha deteriorado. Hay muchos locales escolares sin agua, sin electricidad." Y en salud: "¿Por qué gastamos mucho menos en salud pública que Colombia, que Chile, incluso que México? No es un tema solamente de presupuesto, sino de ejecución de presupuesto."
Su pedido a quienes pasen a segunda vuelta fue concreto: "Me encantaría que hubiera planes detallados sobre qué hacer con el gasto público. No solamente 'quiero más', sino qué hacer con el gasto público en temas precisos de salud, educación, electrificación, acceso al sistema financiero."
Propuso que ambos candidatos presenten propuestas comparables y cuantificadas. "Si dejamos de debatir en abstracto acerca de 'yo quiero más Estado' y comenzamos a debatir en concreto, vamos a sorprendernos con que pueda haber más puntos de acuerdo." Y lo llevó a cifras específicas: "¿Cuánto para electrificación en zonas rurales? ¿Cuánto para ponerle a las escuelas electricidad y agua potable? Quiero esos números. Esos números van a enfocar las mentes."
El Congreso dividido: conflicto y oportunidad
Con una composición legislativa cercana al 50-50 entre dos grandes bloques, Martinelli señaló que eso "va a ser un motivo de conflicto, pero también es una oportunidad. La oportunidad va a tener que ser conversar, deliberar, convertir el Congreso en un espacio para hablar de política pública."
El economista recordó que la democracia "requiere deliberación, requiere conversación entre intereses opuestos para llegar a puntos de acuerdo", algo que en los últimos años fue difícil: "Por lo que sucedió con Castillo, nos quedamos sin un presidente electo y entonces no había legitimidad para hacer cambios importantes en la política pública".
El mensaje de Martinelli fue claro respecto a lo que viene: "Gane quien gane, las demandas están ahí. Lo que importa es que en el país tenemos demandas insatisfechas de un sector importante de la población y hay que pensar cómo atenderlas. Estamos condenados a vivir juntos, entonces tenemos que hacer la casa mejor para todos".
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