LA INVESTIGACIÓN DE ROLLING STONE: 'UN FRACASO QUE ERA EVITABLE'

Conoce la historia detrás de una fallida investigación en Estados Unidos que generó indignación en la ciudadanía y luego tuvo que ser rectificada por falta de solidez en la verificación de la información
Ilustración: Víctor Aguilar.

 

La Escuela de Investigación Periodística y de Datos de Convoca, Somos Periodismo y Ojo Público publican la traducción del informe de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, junto a la explicación de cómo fue realizada la fallida investigación de la revista Rolling Stone sobre una presunta violación sexual a una estudiante universitaria. Steve Coll, decano de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, Sheila Coronel, decana de asuntos académicos, y Derek Kravitz, editor en ProPublica, presentaron su informe en abril de 2015. Y hoy presentamos la traducción de este importante texto para la formación periodística. 

 

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Cómo la Escuela de Periodismo de Columbia condujo esta investigación
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 El legado de un fracaso periodístico

 

Por Sheila Coronel, Steve Coll y Derek Kravitz
Puede acceder aquí a la versión original en inglés publicada por el Columbia Journalism Review, de la que puede hacerse miembro.
Traducido por Lucero Ascarza y Luisa García
Publicado el 30 de abril de 2017*

 

El pasado 8 de julio, Sabrina Rubin Erdely, una redactora de Rolling Stone, llamó por teléfono a Emily Renda, sobreviviente de una violación que trabaja en asuntos de agresión sexual como parte del staff de la Universidad de Virginia (UVA). Erdely dijo que estaba buscando un caso único y emblemático de violación en la universidad, que mostrara “lo que es estar en un campus universitario ahora… donde no sólo prevalece la violación, sino donde también existe una cultura omnipresente de acoso/violación sexual”, de acuerdo a sus notas sobre la conversación.

Renda le dijo a Erdely que muchos ataques ocurrían en fiestas donde “la meta es tener a todos embriagados hasta perder el conocimiento”. “Puede haber un lado más oscuro” en algunas fraternidades, continuó. “Una chica con la que trabajé cercanamente alegaba que había sido violada por un grupo de hombres en el otoño, antes del proceso de selección de nuevos miembros de las fraternidades, y que los hombres que lo perpetraron eran jóvenes aún no miembros, la chica recordaba que uno de ellos le dijo al otro… ‘Vamos hombre, ¿no quieres ser un hermano?’”.

Renda añadió: “Obviamente, quizás su memoria de ello no es perfecta”.

Las notas de Erdely consignan su propia respuesta: “Le digo a ella que eso es totalmente posible”.

Renda puso en contacto a la escritora con una prometedora estudiante de tercer año de la UVA que pronto sería conocida por millones de lectores de Rolling Stone como “Jackie”, una versión corta de su verdadero nombre.

Erdely dijo después que cuando se encontró por primera vez con Jackie sintió que la estudiante “tenía un sello de credibilidad”, dado que una trabajadora de la universidad las había conectado. Antes, ese verano, Renda había aparecido ante un comité del Senado y mencionó las acusaciones de Jackie durante su testimonio –otro aparente signo de la seriedad del caso.

“Definitivamente estaría interesada en compartir mi historia”, escribió Jackie en un correo electrónico unos días después.

El 14 de julio Erdely la llamó por teléfono. Jackie se lanzó al vívido relato de un monstruoso crimen. Ella contó, de acuerdo a las notas de Erdely, que en setiembre de 2012, a inicios de su primer año, un estudiante de tercer año que ella conocía como un compañero salvavidas en el centro acuático de la universidad la había invitado a su “primera fiesta de fraternidad”. Pasada la medianoche, el chico la llevó arriba, a una habitación a oscuras. “Recuerdo ver un reloj y eran las 12:52 cuando entramos al cuarto”, relató a Erdely. Él cerró la puerta detrás de ellos. De acuerdo a las notas de la escritora, Jackie continuó:

 

Mis ojos se estaban acostumbrando a la oscuridad. Y dije su nombre y me volteé… Escuché voces y empecé a gritar y alguien me golpeó y me dijo que me callara. Fue cuando tropecé y caí contra una mesa baja y esta se rompió debajo de mí y de este otro chico, que estaba poniendo su peso encima de mí. Luego uno de ellos cogió mis hombros… Otro puso su mano en mi boca y lo mordí –y él me dio un puñetazo en la cara… Uno dijo: ‘Coge su maldita pierna’. Tan pronto como lo dijeron, supe que iban a violarme.

 

El resto del recuento de Jackie era igual de preciso y horrible. El salvavidas dirigió a siete chicos mientras la violaban uno por uno. Erdely colgó el teléfono “asqueada y turbada”, dijo ella. Recuerda estar “un poco incrédula” acerca de lo vívido que eran algunos de los detalles que Jackie ofrecía, como el vidrio roto de la mesa aplastada. Sin embargo, Jackie se había mostrado “segura, ella era consistente”. Jackie declinó responder preguntas para este reportaje. Su abogado dijo: “Lo mejor para ella es mantenerse en silencio en este momento”. Las citas atribuidas a Jackie aquí provienen de las notas que Erdely dijo haber escrito al hablar con ella o de las entrevistas grabadas.

Entre julio y octubre de 2014, afirma Erdely, entrevistó a Jackie siete veces más. La escritora residía en Filadelfia y reporteaba para Rolling Stone desde 2008. Se especializaba en historias de crímenes como “La princesa gánster de Beverly Hills”: el caso de una modelo coreana de estilo de vida lujoso, autodenominada la heredera de Samsung, y acusada de transportar más de 7000 libras de marihuana. Había escrito sobre curas pedófilos y agresiones sexuales en el ejército. Will Dana, editor en jefe de la revista, la consideraba “una reportera muy minuciosa y puntillosa, capaz de conducir historias extremadamente difíciles con una gran cantidad de puntos de vista diferentes”.

Jackie demostró ser un desafío como fuente. A veces no respondía las llamadas, mensajes de texto o correos electrónicos de Erdely. En dos momentos la reportera temió que dejará de cooperar. Además, Jackie rehusó darle a Erdely el nombre del salvavidas que había organizado el ataque en su contra. Ella dijo que aún le tenía miedo. Eso llevó a tensos intercambios entre Erdely y Jackie, pero la confrontación terminó cuando los editores de Rolling Stone decidieron seguir adelante sin saber el nombre del salvavidas o verificar su existencia. Después de esa concesión, Jackie cooperó totalmente hasta la publicación.

 


"Fue el peor día de mi vida profesional”, Sean Woods, editor de Rolling Stone

 

Erdely creyó firmemente que la historia de Jackie era fiable. También sus editores y la verificadora de datos de la historia, quien pasó más de cuatro horas al teléfono con Jackie, repasando cada detalle de su experiencia. “Ella no solo respondía ‘Sí, sí, sí’, ella me corregía”, dijo la verificadora. “Ella describía la escena para mí en una forma muy vívida… No tuve duda”. (Rolling Stone pidió que la verificadora no fuese identificada porque ella no tuvo ninguna autoridad para tomar decisiones).

La revista publicó “Una violación en el campus: un ataque brutal y la lucha por justicia en la UVA” el 19 de noviembre de 2014. Causó una gran sensación. “Estaba sorprendida de tener una historia que se hacía viral de esta forma”, dijo Erdely. “Mi teléfono sonaba sin parar”. La historia en línea atrajo, a la larga, a más de 2,7 millones de visitas, más que cualquier otro artículo publicado antes por la revista que no se tratara sobre una celebridad.

 

La publicación provocó incluso protestas en la Universidad de Virginia. Foto: The Feminist Feline.

 

Una semana después de la publicación y un día antes del Día de Acción de Gracias, Erdely habló con Jackie por teléfono. “Me agradeció muchas veces”, dijo Erdely. Jackie parecía “cargada de adrenalina… como si se sintiera realmente bien”.

 

Erdely escogió ese momento para volver a mencionar el misterio del salvavidas que había seducido a Jackie y supervisado su ataque. La falta de voluntad de Jackie para nombrarlo aún la molestaba. Al parecer el hombre todavía era peligroso y mucho. “Esto no va a ser publicado”, dijo la escritora, tal como lo recuerda. “¿No puedes solo decírmelo?”.

 

Jackie le dio a Erdely un nombre. Pero mientras la reportera escribía, sus dedos se detuvieron. Jackie no estaba segura de cómo deletrear el apellido del salvavidas y especulaba en voz alta acerca de posibles variaciones.

 

“Una campana de alarma sonó en mi cabeza”, dijo Erdely. ¿Cómo podía Jackie no saber el nombre exacto de alguien que, según ella, había llevado a cabo tan terrible crimen en su contra –un hombre al que ella decía temer profundamente?

 

En los días siguientes, preocupada por la integridad de su historia, la reportera investigó el nombre que Jackie le había dado, pero no pudo confirmar que él había trabajado en la piscina, que era miembro de la fraternidad que Jackie había identificado o que tenía otras conexiones con Jackie o su descripción del ataque. Ella discutió sus preocupaciones con sus editores. Su trabajo enfrentaba nuevas presiones. El escritor Richard Bradley había publicado, antes, dudas especulativas acerca de la veracidad del recuento de Jackie. Escritores de Slate habían cuestionado la reportería de Erdely. Ella también se enteró que T. Rees Shapiro, un reportero del Washington Post, preparaba una historia basada en entrevistas en la Universidad de Virginia que levantaría serias dudas sobre la información de Rolling Stone.

 

En la noche del 4 de diciembre, Jackie escribió un mensaje de texto a Erdely, y la escritora la llamó. Para ese momento era más de medianoche. “Procedimos a tener una conversación que me llevó a tener serias dudas”, dijo Erdely.

Ella llamó a su editor principal en la historia, Sean Woods, y le dijo que había perdido confianza en la exactitud de la descripción ya publicada del ataque de Jackie. Woods, que era editor en Rolling Stone desde 2004, dijo que “estaba simplemente aturdido”. “Corrió a la oficina” para ayudar a decidir qué hacer luego. Ese día, más tarde, la revista publicó una nota del editor en que efectivamente se retractaba de la información de Rolling Stone sobre las acusaciones de Jackie de violación grupal en la Universidad de Virginia. “Fue el peor día de mi vida profesional”, dijo Woods. 

 

El fracaso y sus consecuencias

La rectificación de Rolling Stone sobre lo que se narra en “Una violación en el campus” es una historia de fracaso periodístico que era evitable. El fracaso abarca la reportería, la edición, la supervisión editorial y la verificación de datos. La revista puso a un lado, o juzgó como innecesarias, prácticas esenciales de reportería que, de haberse seguido, probablemente habrían llevado a los editores de la revista a reconsiderar publicar el relato de Jackie de forma tan destacada, o publicarla en absoluto. La historia publicada pasó por alto las lagunas en la reportería de la revista al utilizar seudónimos y falló en consignar de dónde venía información importante.

A finales de marzo, después de una investigación de cuatro meses, el departamento de policía de Charlottesville, Virginia, dijo que había “agotado todas las pistas de la investigación” y llegó a la conclusión de que “no hay ninguna base sustancial para sostener el reporte alegado en el artículo de Rolling Stone”.

El estallido de la historia significa otro golpe a la credibilidad del periodismo en medio de una vuelta de tuerca en la industria de los medios de comunicación. Los detalles del fracaso de Rolling Stone evidencian la necesidad de renovar un consenso en las redacciones antiguas y nuevas acerca de lo que implican las mejores prácticas periodísticas, al nivel de detalle de un manual operativo.

Al igual que en otras revistas y periódicos impresos, alguna vez robustos, el equipo editorial de Rolling Stone se ha reducido en los recientes años, conforme los ingresos por publicidad impresa caían y se desplazaban a internet. Las filas editoriales a tiempo completo de la revista, sin incluir el personal de arte y fotografía, se han reducido aproximadamente en 25% desde 2008. Sin embargo, Rolling Stone continúa invirtiendo en verificadores de datos profesionales y financiando investigaciones de largo aliento como la de Erdely. Los registros de la revista y entrevistas con los participantes muestran que el error en “Una violación en el campus” no fue ocasionado por la falta de recursos. El problema fue la metodología, agravada por un entorno en el que periodistas con décadas de experiencia fallaron en evidenciar los problemas en torno a la reportería y en debatir sobre ellos, o prestar atención a las preguntas que recibieron de un colega verificador de datos.

Erdely y sus editores esperaban que la investigación hiciera sonar una alarma acerca de ataques sexuales en los campus universitarios y desafiara a la UVA y a otras universidades a actuar mejor. En su lugar, el fracaso de la revista puede haber difundido la idea de que muchas mujeres inventan acusaciones de violación. (Científicos sociales que analizan registros criminales, reportan que la tasa de falsas acusaciones de violaciones es de 2 a 8 por ciento). En la Universidad de Virginia, “va a ser más difícil ahora que alguna persona se interese en el tema … porque tienen una noción preconcebida de que las mujeres mienten sobre agresiones sexuales”, afirma Alex Pinkleton, estudiante de la UVA y sobreviviente de una violación, quien fue una de las fuentes de Erdely.

Hubo otros daños colaterales. “Ha empañado nuestra reputación completamente”, dice Stephen Scipione, presidente de la sede en Virginia de Phi Kappa Psi, la fraternidad que Jackie nombró como el lugar de su supuesto ataque. “Ha destruido un semestre de nuestras vidas, específicamente el mío. Nos puso en la peor posición posible aquí, en nuestra comunidad, frente a nuestros compañeros y en el salón de clases”.

La universidad también ha sufrido. La historia de Rolling Stone vinculó la cultura de las fraternidades de la UVA con el horrendo crimen y retrató a la administración como negligente. Algunos administradores de la UVA, cuyas acciones alrededor del caso de Jackie son descritas en la historia, fueron representados de forma poco favorable y, según dicen ellos, falsa. Allen W. Groves, decano de los estudiantes de la universidad, y Nicole Eramo, decana asistente de los estudiantes, escribieron por separado a los autores de este informe que el relato de sus acciones en la historia fue incorrecto. [Nota al pie 3] 

En retrospectiva, Dana, el editor en jefe, quien ha trabajado en Rolling Stone desde 1996, dijo que el colapso de la historia reflejó tanto “una falla individual” como “un error en el procedimiento, un fallo institucional… Cada una de las personas en todos los niveles tuvo oportunidades de mover los hilos un poco más fuerte, cuestionar las cosas con mayor profundidad, y eso no se hizo”.


Sabrina Rubin Erdely, autora de “A rape on campus”. Fuente: PBS News Hour (screenshot).

Sin embargo, los editores y Erdely han concluido que su principal falta fue ser demasiado complacientes con Jackie, porque ella se describió a sí misma como sobreviviente de una terrible agresión sexual. Científicos sociales, psicólogos y especialistas en traumas que apoyan a sobrevivientes de violaciones, han inculcado en los periodistas la necesidad de respetar la autonomía de las víctimas, evitar traumatizarlas otra vez y entender que los sobrevivientes de violaciones son tan fiables en sus testimonios como otras víctimas de crímenes. Estas percepciones influyeron claramente a Erdely, Woods y Dana. “Al final, fuimos demasiado deferentes con la víctima; accedimos a muchas de sus peticiones en nuestra reportería”, dijo Woods. “Debimos ser mucho más duros, y al no serlo, tal vez le hicimos un daño”.

Erdely añadió: “Dado que la historia era sobre Jackie, no imagino muchas cosas que podríamos haber hecho diferente… quizás la discusión no debió ser sobre cómo acomodarnos a ella sino sobre si ella estaría en esta historia en absoluto”. La reportería de Erdely la llevó a casos ya juzgados de violación en la Universidad de Virginia, que podrían haber ilustrado su historia, aunque ninguno era tan impactante y dramático como el de Jackie.

 

Pero el argumento de que Rolling Stone falló porque se sometió a la víctima no puede explicar adecuadamente lo que salió mal. El registro de la reportería de Erdely y las entrevistas con los participantes dejan claro que la revista ignoró importantes caminos en la investigación, incluso cuando Jackie no había solicitado que lo hicieran. Los editores tomaron decisiones sobre atribución, comprobación de datos y verificación, que incrementaron en gran medida los riesgos de error pero que tuvieron poco o nada que ver con proteger la posición de Jackie.

  

Sería lamentable si el fracaso de Rolling Stone disuadiera a periodistas de tomar investigaciones de alto riesgo sobre violaciones, en las que personas o instituciones poderosas quisieran evitar el escrutinio y los hechos estuvieran poco investigados. Claramente, existe la necesidad de un mayor entendimiento y un debate entre periodistas y otros actores sobre las mejores prácticas en la investigación de casos de sobrevivientes de violación, así como sobre las acusaciones de agresión sexual que aún no han sido juzgadas. Este informe sugerirá formas de avanzar. También tratará de aclarar por qué la falla de Rolling Stone en “Una violación en el campus” no tendría que haber ocurrido, incluso tomando en cuenta la sensibilidad de la revista hacia la posición de Jackie. Esta es principalmente una historia sobre reportería y edición.

 

Para el momento en que los editores de Rolling Stone asignaron a Erdely un artículo sobre agresiones sexuales en el campus, en la primavera del 2014, casos mediáticos sobre violaciones en Yale, Harvard, Columbia, Vanderbilt y Florida State habían estado en los titulares por meses. La Oficina de Derechos Civiles del Departamento Federal de Educación estaba presionando a las universidades para evaluar y mejorar sus políticas. Administradores universitarios tuvieron que adaptarse a una supervisión federal más estricta, así como a una nueva generación de activistas estudiantiles, incluyendo a mujeres que declararon abiertamente que habían sido violadas en la universidad sin recibir justicia. Hubo numerosos reportes de agresiones en el campus que fueron manejados incorrectamente por las universidades.

 

En Columbia, una estudiante agraviada arrastró un colchón alrededor del campus para llamar la atención sobre su reporte de agresión e injusticia. Los hechos en estos casos eran a veces cuestionados pero habían generado una ola de activismo en el campus. “Mi idea original”, dijo Dana, era “mirar uno de esos casos y que la historia fuera sobre el proceso de lo que sucede cuando un ataque es reportado, y qué tipo de cuestiones plantea”. El relato de Jackie parecía una historia así. Una vez que la escuchó, Erdely luchó para definir cuántos de los detalles proporcionados por Jackie podía verificar por su cuenta, sin poner en peligro su cooperación. Al final, la reportera confió demasiado en Jackie para obtener evidencia corroborativa. Erdely le pidió a Jackie que la presentara con sus amigos y familia. Le pidió mensajes de texto para confirmar partes del relato, registros de su empleo en el centro acuático y registros de salud. Incluso pidió examinar el vestido rojo manchado de sangre que Jackie dijo haber usado la noche del ataque. Jackie dio a la reportera algo de ayuda. Proporcionó correos electrónicos de un supervisor de la piscina como prueba de su empleo allí. Presentó a Erdely con Rachel Soltis, su compañera de habitación en el primer año. Soltis confirmó que en enero de 2013, cuatro meses después del presunto ataque, Jackie le había dicho que había sido violada por un grupo de hombres. Fue difícil obtener información de Jackie. Prometió entrevistas que nunca se concretaron. “Me sentía frustrada pero no pensé que ella no quería que se hiciera la verificación”, dijo Erdely. Jackie le contó que su mamá había tirado el vestido rojo. También mencionó que su mamá estaría dispuesta a hablar con Erdely, pero cuando la reportera llamó y dejó mensajes en varias oportunidades, la madre no respondió. Había muchas formas en las que Erdely pudo haber investigado más para verificar lo que Jackie le había dicho.

 

Ella precisó a la reportera que uno de los violadores formó parte de un pequeño grupo de discusión en su clase de antropología. Erdely pudo verificar si tal grupo existía e identificar al joven que Jackie describió. Podría haber examinado las redes sociales de Phi Kappa Psi y buscar miembros para entrevistarlos, así como evidencias de una fiesta la noche que Jackie describió. Erdely pudo buscar estudiantes que trabajaron en el centro acuático y pistas del salvavidas que Jackie había descrito. Cualquiera de estos caminos de reportería podrían haber llevado a descubrimientos que llevarán a Rolling Stone a reconsiderar sus planes. Sobresalen tres errores por falta de esfuerzo en la reportería. Estos involucran prácticas periodísticas básicas, incluso de rutina –no de especial esfuerzo investigativo–. Y si hubieran seguido esas vías de reportería, Rolling Stone probablemente habría evitado este problema.

Tres amigos y un ‘show de mierda’

Durante su primera entrevista, Jackie dijo a Erdely que luego de escapar de la fraternidad donde siete hombres, animados por el chico con el que tenía una cita, la habían violado; ella llamó a tres amigos en busca de ayuda.

Ella identificó como Ryan, Alex y Kathryn a los dos jóvenes y una chica –ahora ex amigos, dijo a Erdely. Ella solo dio sus primeros nombres, de acuerdo a las notas de Erdely. Dijo que la encontraron a las primeras horas del 29 de setiembre de 2012, en las instalaciones del campus. Jackie señaló que estaba “llorando y llorando” al principio, y que todo lo que pudo comunicar es que “algo malo” había pasado. Ella dijo que sus amigos entendieron que había sido agredida sexualmente. (En entrevistas para este informe, Ryan y Alex declararon que Jackie les había dicho que fue forzada a hacerles sexo oral a múltiples hombres).

En el relato de Jackie a Erdely, Ryan la instaba a ir al centro de mujeres de la universidad o a un hospital para recibir tratamiento. Pero a Alex y Kathryn les preocupaba que si ella reportaba una violación, sus vidas sociales se verían afectadas. “Ella será la chica que denunció una ‘violación’ y nosotros nunca seremos admitidos en ninguna fiesta de fraternidad otra vez”, recordaba Jackie que Kathryn dijo.

Jackie habló de Ryan con simpatía, pero la escena que pintó a la redactora de Rolling Stone favorecía poco a los tres ex amigos. Las prácticas periodísticas –y la justicia básica– requieren que, si un reportero tiene intención de publicar información negativa sobre cualquier persona, él o ella debe buscar la versión de esa persona.

Erdely dijo que al visitar la UVA pidió ayuda a Alex Pinkleton, una estudiante y sobreviviente de una violación, para identificar o contactar a los tres. (Ella no era la “Alex” a quien Jackie se refería en su historia). Pero Pinkleton les respondió que necesitaba el permiso de Jackie. Erdely no insistió. Su obligación era identificar al trío de amigos por su cuenta. Las listas de amistades de Facebook podrían haber mostrado nombres. Erdely podría haber pedido ayuda a otros estudiantes, además de Pinkleton.

En su lugar Erdely confió en Jackie. El 29 de julio le pidió ayuda para hablar con Ryan y “corroborar esa noche, sólo como una segunda voz”. Según las notas de la escritora, Jackie respondió: “Ryan podría sentirse incómodo, pero no veo por qué no lo haría”. Pero Jackie no respondió los mensajes de seguimiento que Erdely le dejó.

El 11 de setiembre Erdely viajó a Charlottesville y se encontró con Jackie en persona por primera vez, en un restaurante cercano al campus de la UVA. Su grabadora digital estaba encendida cuando le pidió nuevamente hablar con Ryan. “Hablé con Ryan”, reveló Jackie. Ella dijo que se había topado con él y le había preguntado si estaría interesado en hablar con Rolling Stone. Jackie citó a continuación la reacción incrédula de Ryan: “¡No!... estoy en una fraternidad de aquí, Jackie, no quiero que el sistema griego (1) caiga, y parece que eso es lo que quieres que suceda…no quiero ser parte del pequeño show de mierda que estás armando”.

“Ryan está obviamente fuera [del reportaje]”, dijo Erdely a Jackie un poco después.

Sin embargo, Jackie nunca pidió –entonces o después– que Rolling Stone se abstuviera de contactar a Ryan, Kathryn o Alex de forma independiente. “No diría que era una obligación con Jackie”, dijo Erdely después. En cambio, ella se preocupaba de que si “trabajaba por encima de Jackie, pudiera alejarla del proceso”. Ella era difícil de ganar, lo que hizo que Erdely temiera que su cooperación fuese provisional. Sin embargo, Jackie nunca dijo que se retiraría si Erdely buscaba a Ryan o conducía otra indagación por su cuenta.

“Ellos estuvieron siempre en mi lista de personas por localizar”, dijo Erdely sobre los tres amigos. Sin embargo, ella estuvo cada vez más ocupada buscando la respuesta de la UVA sobre el caso de Jackie. Erdely no recuerda haber tenido mayor discusión sobre este asunto con Woods, su editor. “Nosotros parecíamos estar de acuerdo… solo teníamos que dejarlo de lado”. Woods, sin embargo, recuerda más de una conversación con Erdely sobre el tema. Cuando Erdely le indicó que había agotado todas las vías para encontrar a los amigos, dijo que él accedió a dejarlo de lado.

Si Erdely hubiera ubicado a Ryan Duffin –su verdadero nombre– él habría dicho que nunca le dijo a Jackie que no iba a participar en el “show de mierda” de Rolling Stone, según señaló Duffin en una entrevista para este informe. La conversación con Ryan descrita por Jackie a Erdely “nunca ocurrió”, aseguró él. Jackie nunca había tratado de contactarlo para que coopere con Rolling Stone. Él no la había visto ni se había comunicado con ella desde el pasado abril, afirmó.

Según Erdely, si ella hubiera conocido la versión de Ryan (de que Jackie había fabricado su conversación), habría cambiado de curso inmediatamente para investigar otros casos de violación en la UVA libres de tales contradicciones.

Si ella hubiera llamado a Kathryn Hendley y Alex Stock –sus verdaderos nombres– para verificar sus versiones del relato de Jackie sobre el 28 y 29 de setiembre, ellos habrían negado las palabras que Jackie les atribuyó (como Ryan haría también). Habrían descrito a Erdely un historial de comunicaciones con Jackie que dejaría a la reportera con muchas preguntas. Por ejemplo, los amigos señalaron que Jackie les dijo que el 28 de setiembre, el chico con el que tenía una cita no era un salvavidas sino un estudiante en su clase de química llamado Haven Monahan. (La policía de Charlottesville dijo en marzo que ellos no podían identificar un estudiante de la UVA o alguna otra persona llamada Haven Monahan). Los tres amigos dijeron que habrían hablado con Erdely si los hubiera contactado.

El episodio reafirma una verdad de la reportería: verificar información con los sujetos es un asunto de justicia, pero también puede revelar nuevos y sorprendentes datos.

Frontis de la Universidad de Virginia en Charlottesville. Foto: UVA.Frontis de la Universidad de Virginia en Charlottesville. Foto: UVA.

‘¿Puede usted comentar?’

A lo largo de su investigación, Erdely dijo a Jackie y a otros que quería publicar el nombre de la fraternidad donde Jackie dijo que había sido violada. Erdely sintió que Jackie “estaba segura” sobre el nombre de la fraternidad: Phi Kappa Psi.

El pasado octubre, mientras terminaba su historia, Erdely escribió un correo a Stephen Scipione, el presidente de la sede local de Phi Kappa Psi. “Me he enterado de acusaciones de violación grupal hechas contra la sede de Phi Kappa Psi en la UVA”, escribió Erdely. “¿Puede usted comentar sobre esas acusaciones?”

Era una versión deliberadamente trunca de los hechos la que Erdely creía tener en sus manos. No reveló el relato de Jackie sobre el día del ataque. No reveló que Jackie dijo que Phi Kappa Psi había organizado una “función de citas” esa noche, ni que posibles aspirantes estaban presentes o que el hombre que presuntamente orquestó el ataque era un miembro de Phi Kappa Psi y salvavidas en el centro acuático universitario. Jackie no había pedido que se abstuviera de proporcionar tales datos a la fraternidad.

La administración de la universidad había informado recientemente a Phi Kappa Psi sobre la recepción de un reporte de agresión sexual en la fraternidad. Este habría ocurrido en setiembre de 2012. Erdely sabía que la fraternidad había recibido información de la UVA, pero no sabía los contenidos específicos. En ese informe, dijo Scipione en una entrevista reciente, la UVA proporcionó una fecha de mediados de setiembre como la noche del ataque –no 28 de setiembre–. Y el informe no contenía los detalles que Jackie proporcionó a Erdely. La universidad solo dijo que, según el reporte que había recibido, una mujer de primer año estuvo bebiendo en una fiesta, subió y fue forzada a tener sexo oral con diferentes hombres.

El 15 de octubre [de 2014] Scipione respondió la solicitud de Erdely. Él se había enterado, según le escribió por correo, “que un individuo no identificado había reportado una agresiòn sexual en la universidad durante una fiesta”. Él añadió: “aunque esta acusación es de cuarta mano y no hay detalles ni el nombre del acusador; los líderes y la fraternidad en conjunto han tomado esto muy en serio”.

Erdely llamó luego a Shawn Collinsworth, entonces director ejecutivo nacional de Phi Kappa Psi. Collinsworth ofreció voluntariamente un resumen de lo que la UVA había comunicado a los líderes de la fraternidad: que habían acusaciones de “violaciones grupales durante fiestas de Phi Psi” y que un ataque “tuvo lugar en setiembre del 2012”.

Erdely le preguntó, según sus notas: “¿Puede usted comentar?”.

Si Erdely hubiera proporcionado a Scipione y Collinsworth los detalles completos que ella tenía en lugar de pedir simplemente “comentarios”, la fraternidad podría haber investigado los hechos que ella presentaba. Luego de la publicación de Rolling Stone, Phi Kappa Psi dijo que hizo justamente eso. Scipione dijo en una entrevista que una revisión de los archivos en las redes sociales de la fraternidad y de los registros bancarios demostró que la fraternidad no había organizado una “función de citas” u otra fiesta en la noche que Jackie dijo haber sido violada. Y que una comparación entre la lista de miembros de la fraternidad con los registros de empleo del centro acuático demostró que ningún miembro trabajó como salvavidas, añadió Scipione.

Erdely dijo que Scipione parecía “realmente impreciso”, así que se enfocó en obtener una respuesta de Collinsworth. “Sentí que le di una oportunidad plena para responder”, dijo. “Estaba segura que él ya sabía cuáles eran las acusaciones porque la UVA ya les había dicho”. Al final resultó, sin embargo, que la versión del ataque proporcionada a Phi Kappa Psi era bastante diferente y menos detallada que la que Jackie había proporcionado a Erdely.

Scipione dijo que Rolling Stone no proporcionó la información detallada que la fraternidad necesitaba para responder apropiadamente a las acusaciones. “Era una completa porquería”, dijo él. “No me dijeron sobre qué iban a escribir. No me dieron ninguna fecha o detalles”. Collinsworth dijo que a él tampoco le proporcionaron los detalles del ataque que finalmente aparecieron en la revista Rolling Stone.

Hay casos en que los reporteros pueden escoger retener algunos detalles de lo que planean escribir mientras buscan verificación, por miedo a que el investigado pueda “adelantarse” sacando una versión favorable a él, tejida de manera premeditada. Hay sofisticados temas periodísticos en política y negocios que algunas veces se tornan adversos para los reporteros. Incluso así, es arriesgado para un periodista retener información negativa detallada de cualquier sujeto, antes de publicar. En este caso, no había necesidad aparente de temer un “adelanto” por parte de Phi Kappa Psi.

Incluso si Rolling Stone no confiaba en las motivaciones de Phi Kappa Psi; si le hubieran dado a la fraternidad la oportunidad de revisar las acusaciones en detalle, probablemente habrían señalado discrepancias que hubieran llevado a Erdely y a sus editores a verificar la historia de Jackie con mayor cuidado.

 

El misterio de “Drew”

En sus entrevistas, Jackie usó libremente el primer nombre –pero no el apellido- del salvavidas que, según dijo, orquestó su violación. El 16 de setiembre, por primera vez, Erdely planteó la posibilidad de localizar a este hombre. “¿Alguna idea de qué está haciendo ahora?”, preguntó Erdely, según sus notas.

“No, sólo sé que se graduó. Lo he bloqueado de Facebook”, respondió Jackie. “Una de mis amigas lo buscó –ella quería verlo, así podía reconocerlo y matarlo”, dijo Jackie riendo. “Yo no podía siquiera ver su página de Facebook”.

“¿Cómo te sentirías si lo localizara para que comente?”, preguntó Erdely, según registran sus notas.

“No estoy segura si estaría cómoda con eso”.

Ese intercambio inauguró una lucha de seis semanas entre Erdely y Jackie. Durante un tiempo, a Erdely le pareció que ese punto muerto podría llevar a Jackie a abandonar la cooperación en conjunto.

El 20 de octubre, Erdely preguntó una vez más por el apellido del hombre. “No voy a usar su nombre en el artículo pero tengo que hacer el trabajo debido de todos modos”, dijo Erdely a Jackie, de acuerdo a las notas de la escritora. “Imagino que él no va a decir nada, pero es algo que necesito hacer”.

“No quiero dar su apellido”, respondió Jackie. “Ni siquiera quiero involucrarlo en esto… él me aterroriza. Nunca he estado tan asustada de una persona en toda mi vida, y nunca he querido decirle a nadie su apellido… Supongo que parte de mí pensó que él nunca sabría sobre el artículo”.

 

“Por supuesto que él sabrá sobre el artículo”, dijo Erdely. “Él va a leerlo. Probablemente sabe sobre el artículo ya”.

Jackie sonaba conmocionada, según las notas de Erdely. “No quiero ser la que te dé el nombre”, dijo.

“¿De qué otra manera sugieres que lo averigüe?”

“Supongo que podrías preguntar a Phi Psi por su lista”, sugirió Jackie.

Después de esa conversación, Jackie dejó de responder las llamadas y mensajes de Erdely. “Hubo un punto en el que ella desaparecía casi dos semanas”, dijo Erdely, “y nosotros nos preocupamos mucho por el bienestar de Jackie. Su comportamiento parecía consistente con el de una víctima de trauma”.

Sin embargo, Jackie no hizo ningún pedido a Rolling Stone para que no tratara de identificar al salvavidas por su cuenta. Ella incluso sugirió una forma de hacerlo –verificando la lista de la fraternidad. Tampoco condicionó su participación en la historia a que Erdely aceptara no intentar identificar al salvavidas.

 

 

“Finalmente, fuimos demasiado deferentes con nuestra víctima de violación; honramos demasiadas de sus peticiones en nuestra reportería. Debimos ser más duros, y al no hacer eso, quizás le hicimos un daño”.

 

 

Erdely sí intentó identificar al hombre por sí misma. Preguntó a los amigos de Jackie si podían ayudar. Ellos pusieron reparos. Buscó en línea para ver si las pistas que tenía producían un nombre completo. Esto resultó en nada definitivo. “Ella estaba muy determinada en contactar” al salvavidas, dijo Pinkleton, una de las estudiantes a las que Erdely pidió ayuda.

 

Analizándolo con el beneficio de la perspectiva que da el tiempo, para tener éxito Erdely probablemente habría tenido que persuadir a estudiantes para que le dejaran acceder a los registros de empleo del centro acuático y encontrar posibles coincidencias de nombres. Eso habría tomado tiempo y suerte.

 

Para fines de octubre, a solo dos semanas del cierre programado de la historia, Jackie aún rehusaba a contestar los mensajes de texto y voz de Erdely. Finalmente, el 3 de noviembre, después de consultar con sus editores, Erdely dejó un mensaje de voz a Jackie, proponiéndole una “solución” que permitiera a Rolling Stone evitar contactar al salvavidas después de todo. La revista usaría un seudónimo; “Drew” fue elegido eventualmente.

 

Después que Erdely dejara ese mensaje de rendición, Jackie devolvió la llamada rápidamente. De acuerdo a Erdely, ahora charlaba libremente sobre el salvavidas, aunque sin usar el apellido. Desde ese punto, hasta la publicación de la historia, Jackie cooperó.

 

En diciembre, Jackie dijo al Washington Post que luego de varias entrevistas con Erdely, ella pidió ser removida de la historia, pero Erdely se rehusó. Jackie dijo al Post que después ella aceptó participar con la condición de que se le permitiera verificar partes de su historia. Erdely dijo en una entrevista para este informe que estaba completamente sorprendida por las declaraciones de Jackie al Post y que nunca le dijo que quería retirarse de la historia. No hay evidencia de tal intercambio entre Jackie y Erdely en los materiales que Erdely presentó a Rolling Stone.

 

Había, de hecho, un salvavidas del centro acuático que había trabajado en la piscina en el mismo período que Jackie y tenía el primer nombre que ella había usado libremente con Erdely. Sin embargo, él no era miembro de Phi Kappa Psi. La policía lo entrevistó y examinó sus registros personales. Ellos no encontraron ninguna evidencia que lo conectara con el ataque de Jackie.

 

Si Rolling Stone lo hubiera localizado y oído su respuesta a las acusaciones de Jackie, incluyendo el hecho verificable de que él no pertenecía a Phi Kappa Psi, eso habría llevado a Erdely a reconsiderar su enfoque. De cualquier manera, Rolling Stone no lo buscó. 

‘¿Qué están escondiendo?’ 

“Una violación en el campus” tuvo ambiciones más allá del recuento del ataque a una mujer. Fue pensado como una investigación sobre cómo las universidades enfrentan la violencia sexual. La elección fue oportuna. Los sistemas que las universidades han puesto en marcha para hacer frente a las conductas sexuales reprochables están bajo intenso escrutinio. Estos sistemas son obras en curso, enredados en reglas federales cambiantes y a veces contradictorias, que buscan a la vez proteger a los estudiantes, responsabilizar a los agresores y proteger la privacidad de cada alumno.

Los problemas legales datan de 1977, cuando cinco mujeres estudiantes demandaron a la Universidad de Yale, argumentando que habían sido acosadas sexualmente. Las estudiantes invocaron el Título IX de las Enmiendas de Educación de 1972, una ley federal que prohíbe la discriminación por género en la educación. Ellas perdieron el caso, pero su argumento –que el acoso sexual y la violencia en el campus amenazaban el acceso de las mujeres a la educación– prevaleció en el tiempo. Para mediados de 1980, cientos de universidades habían adoptado procedimientos para manejar dichas conductas sexuales, desde el acoso hasta la violación. Si las universidades fallaban, podían perder financiamiento federal.

A fines de 2009, el Center of Public Integrity empezó a publicar una serie de artículos que ayudaron a inspirar pautas federales aún más estrictas. Con las primeras reacciones en el campus, los artículos pusieron problemas al descubierto: investigaciones fallidas por parte de miembros no capacitados del personal; procesos de sentencia envueltos en secretismo; y sanciones tan carentes que a veces permitían a los violadores, incluyendo a agresores reincidentes, permanecer en el campus mientras sus víctimas huían de la universidad.

La administración de Obama tomó el caso. Presionó a las universidades a adoptar sistemas más rigurosos y eso requirió un umbral más bajo de culpa para condenar a un estudiante ante los tribunales de la universidad. Sin embargo, la nueva presión causó confusión y, en algunos casos, acusaciones de injusticia. El pasado octubre, un grupo de profesores de la Escuela de Leyes de Harvard escribieron que la política revisada de esta universidad sobre mala conducta sexual estaba “echando por la borda el equilibro y la equidad en el afán de apaciguar a ciertos funcionarios de la administración federal”.

La elección de Erdely de la Universidad de Virginia como caso de estudio fue muy oportuna. La semana que ella visitó el campus, una estudiante de segundo año, de 18 años, desapareció y luego se descubrió que fue secuestrada y asesinada. La universidad había sobrellevado, para entonces, casos muy visibles de agresión sexual. La Oficina de Derechos Civiles del Departamento de Educación había puesto a la universidad, junto a otras 54, bajo una amplia revisión de cumplimiento.

“La idea general del artículo”, escribió Erdely en respuesta a las preguntas del Washington Post el pasado diciembre, no era Jackie, sino “la cultura que la recibió a ella y a otras mujeres de la UVA que entrevisté, que se presentaron con acusaciones para solo encontrar indiferencia”. 

Erdely vio su reportaje sobre la UVA como “un examen”, dijo ella en una entrevista para este informe, “de la forma en que las universidades manejan este tipo de cosas. Jackie era solo el ejemplo más dramático”.

‘Un efecto paralizador’ 

Después de escuchar la impactante historia de Jackie, Erdely se centró en la obligación de las universidades, bajo la ley federal, de emitir alertas oportunas cuando existe una amenaza “grave o continua” para la seguridad del estudiante. Erdely supo que Jackie había reportado, ocho meses después del presunto ataque, a la UVA haber sido violada grupalmente en la casa Phi Kappa Psi, en el campus, en lo que parecía ser un ritual de novatos. La universidad, según reportó Rolling Stone en su historia publicada, fue negligente al no advertir a sus estudiantes acerca de esta fraternidad aparentemente depredadora.

De acuerdo a la policía de Charlottesville, Jackie sí se reunió con la decana asistente de los estudiantes Nicole Eramo el 20 de mayo de 2013. Durante esa reunión, Jackie describió su ataque de forma diferente a como lo hizo después para Erdely, dijo la policía, declinando proporcionar detalles. De acuerdo a miembros de la comunidad de la UVA, conocedores del caso que pidieron no ser identificados para hablar sobre asuntos confidenciales de la universidad, Jackie contó a Eramo la misma historia que contó a sus amigos en la noche del 28 de setiembre: que fue forzada a tener sexo oral con varios hombres durante una fiesta de fraternidad. Jackie no nombró a la fraternidad donde ocurrió el ataque ni proporcionó nombres o detalles sobre sus atacantes, dijeron las fuentes. Ninguna mención fue hecha sobre las novatadas (2). (Citando la privacidad de los estudiantes y las investigaciones en curso, la administración de la UVA, por medio de su oficina de comunicaciones, declinó responder preguntas sobre el caso).

A través de los años, el Departamento de Educación ha publicado reglas que hacen hincapié en la confidencialidad de la víctima y su autonomía. Esto significa que los sobrevivientes deciden si reportan y qué asistencia les gustaría. “Si ella no identificó a ningún individuo o a la organización griega por su nombre, la universidad estaba muy, muy limitada en lo que podía hacer”, dijo S. Daniel Carter, un defensor de la seguridad en el campus y director de la 32° Iniciativa Nacional por Seguridad en el Campus, que labora sin ánimo de lucro.

Como reportó Rolling Stone, en su reunión de mayo del 2013, Eramo presentó a Jackie sus opciones: reportar el ataque a la policía o a la Junta de Mala Conducta Sexual de la universidad. La decana también ofreció asesoramiento y otros servicios. Ella verificó con Jackie, las semanas siguientes, si quería tomar acción. Le presentó a Una Menos, un grupo de estudiantes creado por sobrevivientes de agresiones sexuales y sus defensores.

En este punto, la universidad no emitió una alarma porque Jackie no presentó una denuncia formal y su historia no incluía nombres de los atacantes o de una fraternidad específica, de acuerdo a las fuentes de la UVA. Tampoco hizo mención del reto de iniciación.

“Supongo que tal vez yo estaba sorprendida que nadie dijera ‘¿Por qué no los llamaste?’ Pero nadie lo hizo y yo no iba a presionar ese asunto”.

Entre ese momento y abril del 2014, la universidad no recibió más información acerca del caso de Jackie, según la policía y las fuentes de la UVA.

El 21 de abril del 2014, Jackie volvió a reunirse con Eramo, de acuerdo a la policía. Ella le dijo a la decana que ahora estaba bajo presión por su visible activismo en el campus con grupos de prevención de agresión como Take Back the Night, de acuerdo a las fuentes de la UVA. Tres semanas antes, dijo ella, había sido golpeada en la cara por una botella lanzada por provocadores afuera de un bar en Charlottesville. También añadió información a su anterior relato de la violación grupal que había sufrido. Ella nombró a Phi Kappa Psi como la fraternidad donde el ataque había tenido lugar, dijo después la policía. Además, le habló a Eramo sobre otras dos estudiantes que, según ella, habían sido violadas en esa fraternidad. Pero no reveló los nombres de esas mujeres ni ningún detalle sobre sus agresiones.

Cuando hay información creíble sobre múltiples actos de violencia sexual por parte del mismo perpetrador que podría poner en peligro a los estudiantes, las reglas del Departamento de Educación indican que la universidad debería tomar acción, incluso si no han sido presentadas denuncias formales. La universidad también debería considerar emitir una advertencia de seguridad pública. Una vez más, la Universidad de Virginia no emitió una alarma. Si la administración debió hacerlo, teniendo en cuenta la información que tenía entonces, es una pregunta bajo revisión de la Junta Directiva de Visitantes de la Universidad de Virginia, que cuenta con la ayuda de la firma legal O’Melveny & Myers en investigación de hechos y análisis. (El 30 de marzo, la UVA actualizó sus políticas de agresión sexual para incluir con mayor claridad procedimientos definidos para evaluar amenazas y emitir alertas oportunas). 

Un día después de su reunión con la decana, Jackie se encontró con la policía de Charlottesville y de la UVA en una reunión coordinada por Eramo. Jackie reportó tanto el incidente de la botella lanzada como su ataque en la casa Phi Kappa Psi. La policía señaló luego que ella declinó proporcionar detalles sobre la violación grupal porque “temía represalias de la fraternidad si ella proseguía con una investigación criminal”. La policía también indicó que ellos encontraron discrepancias significativas en el relato de Jackie sobre el día en que dijo haber sido golpeada con la botella.

Nicole Eramo, ex decana de asuntos estudiantiles de la Universidad de Virginia. Fuente: ABC News (screenshot).


Ese verano, Erdely empezó a entrevistar a múltiples sobrevivientes de agresiones de la UVA. Los funcionarios de la universidad aún esperaban que Jackie y las otras dos víctimas que había mencionado presentaran cargos formales, según dijeron fuentes de la UVA. Erdely sabía esto: Emily Renda, quien se había graduado en mayo y había tomado un empleo en la oficina de asuntos estudiantiles de la universidad, dijo a la reportera, el 14 de julio, que podría ser imprudente de parte de Rolling Stone nombrar a Phi Kappa Psi en su historia porque “hay otras dos mujeres que no se han dado a conocer completamente todavía, y estamos tratando de persuadirlas de obtener una acción punitiva contra la fraternidad”. Renda escribió después, en un correo para este informe, que ella trató de disuadir a la escritora “debido a la preocupación por el debido proceso y la forma en que una acusación pública a una fraternidad podría tanto prevenir cualquier justicia futura, como también infringir sus derechos”. La advertencia de Renda a Erdely –un aviso de un empleado de UVA de que Phi Kappa Psi estaba bajo escrutinio de la universidad por las acusaciones hechas por Jackie y otras dos chicas– reforzó la impresión de Erdely de que la UVA consideraba confiable la narración de Jackie.

Como se vio después, sin embargo, toda la información que la reportera, Renda y la UVA poseían sobre las otras dos víctimas reportadas además de Jackie, venían solo de Jackie. Una de las mujeres presentó un reporte anónimo a través del sistema en línea de la UVA –Jackie dijo a Erdely que ella estuvo ahí cuando la estudiante presionó el botón de “enviar”– pero no se ha sabido nada de las mujeres desde entonces.

‘Temo que pueda parecer como que estamos tratando de esconder algo’

A inicios de setiembre, Erdely pidió entrevistar a Eramo. La solicitud creó un dilema para la UVA. Las universidades deben cumplir con un andamiaje de leyes federales que limitan lo que ellas pueden hacer público sobre sus estudiantes. La más importante es la Ley de Derechos Educativos y Privacidad Familiar, o FERPA (3), que protege la privacidad de los estudiantes y puede hacer difícil para el personal de la universidad liberar registros o responder preguntas sobre cualquier inscrito.

Eramo estaba dispuesta a hablar si no era cuestionada sobre casos específicos sino sobre situaciones hipotéticas, como Erdely había sugerido inteligentemente como una forma de evitar las limitaciones de la privacidad del estudiante.

“Desde que [Erdely] fue derivada a mí por los estudiantes que ella había entrevistado, temo que pueda parecer que tratamos de esconder algo y que por eso no hablo con ella”, dijo Eramo en un correo al personal de comunicaciones de la UVA, recientemente publicado en respuesta a una solicitud de la Ley de Libertad de Información.

La oficina de comunicaciones apoyó la entrevista, pero la vicepresidenta de Vida Estudiantil Patricia Lampkin vetó la idea. “Esto no se trata de Nicole”, escribió en un correo electrónico, “sino del problema y cómo los periodistas presentan el problema”. Al pedirle que clarifique esa declaración para esta reseña, Lampkin dijo que sintió que, debido a las restricciones de FERPA, no había nada que Eramo pudiera decir en una entrevista que diera a Erdely “una mirada completa y balanceada de la situación”. 

La desconfianza era mutua. “En realidad, fui al campus pensando que ellos serían muy colaboradores”, dijo Erdely. Ahora sentía que estaba siendo acosada. Entre otras cosas, dijo que Jackie y Alex Pinkleton le habían dicho que después que Rolling Stone empezó a hacer preguntas en el campus, los administradores de la UVA contactaron a Phi Kappa Psi por primera vez sobre las acusaciones de agresión sexual en la casa de la fraternidad.

Para Erdely, parecía como si la UVA estuviera en modo de control de daños. “Así que, creo que en lugar de ser escéptica sobre Jackie”, dijo ella, “me hice escéptica de la UVA… ¿Qué están escondiendo y por qué están actuando de esta forma?”

Es cierto que la UVA no contactó a Phi Kappa Psi hasta que Erdely apareció en el campus. Las fuentes de la universidad ofrecieron una explicación. Dijeron que los administradores contemplaban suspender los estatutos de la fraternidad, pero eso significaba que la universidad no supervisara a Phi Kappa Psi. Ellos también habían pospuesto contactar a la fraternidad en el verano, con la esperanza que Jackie y las otras presuntas víctimas presentaran cargos. Eso no había pasado, así que ellos decidieron actuar, incluso antes que Erdely empezara a hacer preguntas, dijeron estas fuentes. (Para el momento de escribir este informe, la universidad no había publicado ninguna evidencia documentaria que sostuviera la secuencia de toma de decisiones descrita por estas fuentes). De cualquier manera, había razones para que Rolling Stone fuera escéptico. El historial de la UVA en el manejo de mala conducta sexual estaba lleno de altibajos, como Erdely ilustró en otros casos sobre los que ella informó.

El 2 de octubre, Erdely entrevistó a la presidenta de la UVA, Teresa Sullivan. La reportera hizo preguntas de sondeo que revelaron la brecha entre el número de casos de agresión que la universidad reportó públicamente y los casos que habían sido atendidos por la universidad internamente. Erdely describió las sanciones ligeras impuestas a estudiantes encontrados culpables de mala conducta sexual. Ella preguntó sobre las acusaciones de violación sexual en Phi Kappa Psi. Sullivan dijo que una fraternidad estaba bajo investigación pero declinó comentar más sobre casos específicos.

Tras el reciente anuncio de la policía de Charlottesville de que no podían encontrar base al relato de Rolling Stone sobre el ataque de Jackie, Sullivan emitió un comunicado. “La investigación confirma lo que la ley federal de privacidad prohibió a la universidad compartir el pasado otoño: que la universidad proporcionó apoyo y atención a un estudiante en necesidad, incluyendo asistencia para denunciar una potencial conducta criminal a la policía”. 

Erdely concluyó que la UVA no había hecho suficiente. “Habiendo presuntamente juzgado que no había amenaza”, escribió ella en su historia, la UVA “no tomó acción para alertar al campus de que una acusación de violación grupal fue hecha contra una fraternidad activa”. En general, ella escribió, “las violaciones se mantienen en silencio” en la UVA, en parte por “una administración, cuyos críticos dicen, está menos preocupada por proteger a los estudiantes que a su propia reputación del escándalo”.

Durante los seis meses que trabajó en la historia, Erdely concentró su investigación en la perspectiva de las víctimas de violencia sexual en la Universidad de Virginia y otros campus. Se conmovió por sus experiencias y sus diversas frustraciones. Su acceso a la perspectiva de los administradores de la UVA fue mucho más limitado, en parte porque a algunos de ellos no les fue permitido hablar con ella, pero también porque Erdely llegó a verlos como obstáculos para su investigación.

En opinión de algunas fuentes de Erdely, el retrato que ella creó era injusto y equivocado. “La respuesta de la universidad no es ‘No nos importa’”, dijo Pinkleton, confidente de Jackie y miembro de Una Menos. “Cuando yo reporté mi propio ataque, ellos inmediatamente empezaron a darme recursos”.

Por su parte, Eramo rechaza la sugerencia que el artículo hace: que la UVA pone su propia reputación por encima de la protección a los estudiantes. En un correo electrónico provisto por sus abogados, la decana escribió que el artículo le atribuye falsamente declaraciones que ella nunca hizo (ni a Jackie ni a ningún otro) y que “trivializa la complejidad de brindar apoyo informado a los sobrevivientes y las verdaderas dificultades inherentes al procurar equilibrio entre el respeto por los deseos de los sobrevivientes y el velar por la seguridad de nuestras comunidades”.

“La UVA tiene aún mucho por mejorar en cuanto a prevención y respuesta, tanto como la mayoría, sino todas las universidades”, dijo Sara Surface, estudiante de tercer año que co-preside la Coalición para la Prevención de la Violencia Sexual en la UVA. Ella añadió: “Los administradores y el personal que trabaja y aboga directamente por los sobrevivientes no están más interesados en la reputación de la universidad que en el bienestar de sus estudiantes”.

La edición: ‘Me gustaría que alguien me hubiese presionado más’ 


Sabrina Rubin Erdely y Sean Woods, editor de Rolling Stone llegan a la corte en Charlottesville. Foto: Hawes Spencer.

Sean Woods, el editor principal de Erdely, podría haber prevenido la rectificación de la historia de Jackie presionando a su periodista a remediar las carencias de su reportaje. Él empezó su carrera en el periodismo musical pero ha editado complejos artículos en Rolling Stone por años. Reporteros investigativos que trabajan en historias difíciles, emotivas o alegres, a menudo tienen puntos ciegos. Depende de sus editores insistir en más llamadas telefónicas, más viajes, más tiempo, hasta que la información esté completa. Woods no hizo lo suficiente.

El editor de Rolling Stone, Jann Wenner, dijo que normalmente lee cerca de la mitad de las historias en cada edición antes de publicar. Él leyó un borrador de la narración de Erdely y encontró el caso de Jackie “extremadamente fuerte, poderoso, provocativo… yo pensé que teníamos algo realmente bueno ahí”. Pero Wenner dejó la supervisión editorial detallada al editor principal Will Dana, quien ha estado en la revista durante casi dos décadas. Dana podría haber mirado con más profundidad los borradores de la historia que él había leído, visto las lagunas de información e insistir en que sean corregidas. Él no lo hizo. “Está en mí”, dijo Dana. “Yo soy responsable”.

En retrospectiva, la decisión más trascendente que tomó Rolling Stone fue aceptar que Erdely no contactara a los tres amigos que hablaron con Jackie la noche que ella dijo que fue violada. Ese era el camino investigativo, que de seguirse, habría ciertamente llevado a los editores de la revista a cambiar los planes.

Erdely dijo que mientras se preparaba para escribir su primer borrador, habló con Woods sobre los tres amigos. “Sean me aconsejó que por ahora solo pusiéramos esto de lado”, dijo ella. “En realidad, él me sugirió cambiar sus nombres por ahora”. Woods dijo que él tenía la intención de que esa decisión fuera temporal, a la espera de mayor investigación y revisión.

Erdely usó seudónimos en su primer borrador: “Randall”, “Cindy” y “Andrew”. Ella se basó únicamente en la información de Jackie y escribió vívidamente sobre cómo los tres amigos habían reaccionado después de encontrar a Jackie agitada y llorando en las primeras horas del 29 de setiembre:

 

En el grupo se miraba el uno al otro en pánico. Todos ellos sabían sobre la cita de Jackie esa noche en Phi Kappa Psi, la casa se alzaba detrás de ellos. “Tenemos que llevarla al hospital”, declaró Randall. Los otros dos amigos, sin embargo, no estaban tan convencidos. 

“¿Es esa realmente una buena idea?”, contrarrestó Cindy… “Su reputación estaría acabada por los siguientes cuatro años”. Andrew secundó la opinión… Los tres amigos iniciaron una acalorada discusión acerca del precio social de reportar la violación de Jackie, mientras ella permanecía al lado de ellos, callada con su vestido ensangrentado.

 

Erdely insertó una nota en su borrador, en negrita: “ella dice –todo es su PDV [punto de vista]”– para indicar a sus editores que el diálogo sólo provenía de Jackie.

 

“En retrospectiva, me habría gustado que alguien me hubiera presionado más sobre localizar a los tres por sus versiones”, dijo Erdely. “Supongo que quizá me sorprendió que nadie dijera, ‘¿Por qué no los has llamado?’. Pero nadie lo hizo, y yo no iba a presionar ese asunto”. Por supuesto, el que un editor no pida a un reportero que verifique información negativa con un sujeto, no absuelve al reportero de la responsabilidad.

 

Woods recordó la secuencia de forma diferente. Según él, después de leer el primer borrador, “pedí a Sabrina que buscase a los tres amigos”. “Ella dijo que no podía… Repetidamente le pregunté ‘¿Podemos localizar a esas personas? ¿Podemos?’ Y me dijo que no”. Él aceptó esto porque “sentí que teníamos suficiente”. La evidencia documentaria provista por Rolling Stone no arroja luz sobre qué recuerdo –el de Erdely o el de Woods– es correcto.

 

Woods dijo que finalmente aprobó los seudónimos porque no quería avergonzar a los tres estudiantes con el relato de Jackie sobre su charla, al ser visto por todos sus amigos y compañeros. “Quería protegerlos”, dijo él.

 

Por su parte, Dana dijo que él no recuerda haber conversado con Woods o Erdely sobre los tres amigos, en absoluto.

 

‘Necesitamos verificar esto’ 


Ninguno de los editores discutió con Erdely sobre si Phi Kappa Psi o la UVA, al ser consultados por “comentarios”, habían recibido detalles suficientes sobre la historia de Jackie como para identificar agujeros o contradicciones. Erdely nunca planteó el tema con sus editores.

 

En cuanto a “Drew”, el salvavidas, Dana dijo que él ni siquiera sabía que Rolling Stone no conocía el nombre completo del hombre y que no había confirmado su existencia. Tampoco le dijeron “hemos hecho algún tipo de acuerdo con Jackie para no tratar de localizar a esta persona”.

 

Como se ha señalado, no había tal pacto explícito entre Erdely y Jackie, según los registros de Erdely. Jackie solicitó a Erdely no contactar al salvavidas, pero no había un acuerdo.

 

“¿Puedes llamar a la piscina? ¿Puedes llamar a la fraternidad? ¿Puedes ver los anuarios?”, recuerda Woods que preguntó a Erdely después de que leyó el primer borrador. “Si tienes que sortear a Jackie, bien; pero necesitamos verificar esto”, dijo refiriéndose a la identidad de Drew. Él recordó tener esa discusión “al menos tres veces”.

 

Pero cuando Jackie dejó de responder a Erdely a fines de octubre, Woods y Dana se rindieron. Ellos autorizaron a Erdely decir a Jackie que dejarían de tratar encontrar al salvavidas. Woods resolvió el asunto como había hecho antes con los tres amigos: usando un seudónimo en la historia.


‘Tenía fe’ 


En periodismo, no es posible contactar a cada fuente que un reportero o editor desearía. Una solución es ser transparente con los lectores sobre qué se conoce y qué no al momento de la publicación.

 

Hay una tensión en la edición de revistas y narraciones, entre elaborar una historia legible –una historia que fluya– y proporcionar una atribución clara de citas y hechos. Puede ser torpe y perjudicial escribir “ella dijo” una y otra vez. Debe haber espacio en el periodismo de revista para diferentes expresiones narrativas –si la información subyacente es sólida. Pero los fracasos más notorios de transparencia en “Una violación en el campus”, no pueden ser atribuidos al estilo de escritura. Ellos disimularon problemas importantes en la reportería de la historia.

- Los editores de Rolling Stone no dejaron claro a los lectores que Erdely y ellos no sabían el verdadero nombre de “Drew”, no habían hablado con él y no pudieron verificar que existía. Eso era fundamental para la comprensión de los lectores. En un borrador de la historia, Erdely incluyó una declaración. Ella escribió que Jackie “se rehusaba a divulgar el nombre completo [de Drew] a RS”, porque ella está “presa de temores que apenas puede articular”. Woods cortó ese pasaje mientras editaba. Él “debatió añadirlo de vuelta” pero “finalmente decidió no hacerlo”.

- Woods permitió la cita “show de mierda” de “Randall” en la historia, sin dejar claro que Erdely no la había obtenido de él sino de Jackie. “Tomé esa decisión”, dijo Woods. Eso no sólo indujo al error en los lectores sobre los orígenes de la cita, también agravó la falsa impresión de que Rolling Stone sabía quién era “Randall” y que había buscado su versión y la versión de los otros amigos de la historia.

Los editores apostaron la reputación de Rolling Stone a una sola fuente. “Sabrina es una redactora con la que he trabajado por tanto tiempo, en la que tengo tanta fe, que realmente confié en su juicio de encontrar a Jackie creíble”, dijo Woods. “Le pregunté mucho sobre eso, y ella siempre dijo que le parecía completamente creíble”.

 

Woods y Erdely sabían que Jackie había hablado sobre su ataque con otros activistas en el campus, con al menos un compañero de suite y con la UVA. Ellos no podían imaginar que Jackie inventaría una historia así. Woods dijo que él y Erdely “llegaron a la conclusión de que esta persona estaba diciendo la verdad”. Ellos la vieron como una “denunciante” [5] que estaba luchando contra la indiferencia e inercia en la universidad.

 

El problema del sesgo de confirmación –la tendencia de las personas a quedar atrapadas en suposiciones preexistentes y seleccionar hechos que apoyan sus propios puntos de vista mientras pasan por alto los contradictorios– es un hallazgo reconocido en las ciencias sociales. Parece haber sido un factor aquí. Erdely creyó que la universidad estaba obstruyendo la justicia. Ella sentía que había sido bloqueada. Como muchas otras universidades, la UVA tenía un historial defectuoso en el manejo de casos de agresión sexual. La experiencia de Jackie parecía confirmar este importante patrón. Su historia parecía reconocida en el campus, repetida y aceptada.

 

“Si yo hubiera sido informado, con tiempo, de un problema de discrepancia con su historia general, nosotros hubiéramos actuado sobre ello agresivamente”, dijo Dana. “Tenía fe en que conforme se llevaba a cabo la verificación de datos, todo esto iba a ser resuelto”.

 

 

Verificación de datos: ‘Por encima de mi nivel salarial’ 

 

En Rolling Stone, cada historia es asignada a un verificador de datos. En periódicos, agencias de noticias y cadenas de transmisión abierta, no hay descripción de empleo que se parezca a la de un verificador de datos de una revista. En los periódicos, los reporteros de primera línea y los editores son responsables de la exactitud e integridad de la historia. Los departamentos de verificación de datos en la revista típicamente emplean a jóvenes reporteros o graduados universitarios. Su trabajo es revisar la historia después de que se ha redactado para verificar nuevamente detalles como fechas y descripciones físicas. Ellos también revisan asuntos como la atribución, y si los sujetos de la historia que han sido representados desfavorablemente han dado su opinión. Usualmente, los verificadores hablan con las fuentes del redactor, algunas veces incluyendo fuentes confidenciales, para verificar hechos dentro de las citas y otros detalles. Para ser efectivos, los verificadores deben tener la facultad de desafiar las decisiones de los redactores y editores que pueden ser mucho más antiguos y experimentados.

 

En este caso, la verificadora de datos asignada a “Una violación en el campus” había estado verificando historias como freelance por cerca de tres años, y había estado en el staff por un año y medio. Ella confió fuertemente en Jackie, como lo hacía Erdely. Dijo que “también pensaba que la UVA creía verdadera esta historia”. Ese era un mal entendido. Lo que Rolling Stone sabía al momento de la publicación era que Jackie había dado una versión de su relato a la UVA y a otros estudiantes activistas. Una trabajadora de la universidad, Renda, hizo referencia al relato en su testimonio ante el Congreso. La UVA puso a Phi Kappa Psi bajo escrutinio. Nada de esto significaba que la universidad hubiese alcanzado una conclusión sobre la historia de Jackie. La verificadora no proporcionó a la escuela detalles del relato de Jackie a Erdely sobre su ataque en Phi Kappa Psi.

 

“Los editores apostaron la reputación de Rolling Stone a una sola fuente”.


La verificadora trató de mejorar la reportería de la historia y la atribución de citas respecto de los tres amigos. Ella marcó en un borrador que Ryan –“Randall” bajo seudónimo– no había sido entrevistado, y que su cita del “show de mierda” tenía su origen en Jackie. “¿Poner esto a nombre de Jackie?”, escribió la verificadora. “¿Alguna forma de que nosotros podamos confirmar con él?”. Ella dijo que habló sobre este problema de claridad con Woods y Erdely. “Yo presioné… ellos llegaron a la conclusión de que estaban cómodos con no aclarar a los lectores que nunca habían contactado a Ryan”.

 

Ella no planteó sus preocupaciones a su jefa, Coco McPherson, quien dirige el departamento de verificación. “He instruido a los miembros de mi personal para que vengan a mí cuando tengan problemas o estén preocupados o sientan que necesitan un poco de apoyo”, dijo McPherson. “Eso no ocurrió”. Cuestionada sobre si hubo algo que debieron notificarle, McPherson respondió: “La respuesta obvia son los tres amigos. Estas decisiones de no localizar a esas personas fueron hechas por editores por encima de mi nivel salarial”.

 

McPherson leyó el borrador final. Esta era una provocativa y compleja historia que dependía en gran medida de una sola fuente. Ella dijo, luego, que tenía fe en todos los involucrados y no vio la necesidad de plantear ningún problema con los editores. Ella era la cabeza responsable, en última instancia, del departamento de verificación de datos.

 Will Dana, editor en jefe de Rolling Stone. Fuente: Adventures of the mind (screenshot). 

Natalie Krodel, una abogada interna de Wenner Media, condujo una revisión legal de la historia antes de su publicación. Krodel había estado en el personal por varios años y comúnmente manejaba cerca de la mitad de las revisiones antes de la publicación de Rolling Stone, compartiendo el trabajo con el consejero general Dana Rosen. No es claro qué preguntas pudo haber planteado la abogada sobre el borrador. Erdely y los editores involucrados declinaron responder preguntas sobre los aspectos específicos de la revisión legal, citando instrucciones de la asesora externa de la revista Elizabeth McNamara, una socia en Davis Wright Tremaine. McNamara dijo que Rolling Stone no respondería preguntas sobre la revisión legal de “Una violación en el campus” con el fin de proteger la confidencialidad entre abogado y cliente.

Nota del editor: ‘Estaba muy asustado’ 

El 5 de diciembre, siguiendo la declaración matinal de Erdely de que había perdido confianza en su fuente, Rolling Stone publicó una nota del editor en su sitio web que efectivamente se retractaba de la investigación de la revista en el caso de Jackie.

La nota fue redactada y publicada a toda prisa. Los editores habían escuchado que The Washington Post tenía la intención de publicar una historia ese mismo día poniendo la reportería de la revista en tela de juicio. También habían oído que Phi Kappa Psi lanzaría una declaración cuestionando parte del relato de Rolling Stone. Dana dijo que no había tiempo de conducir una “investigación forense” de los problemas en la historia. Él escribió la nota del editor “muy rápidamente” y “bajo mucha presión”. 

La posteó cerca del mediodía, con su firma. “En vista de nueva información, parece haber ahora discrepancias en el relato de Jackie y hemos llegado a la conclusión de que nuestra confianza en ella estaba fuera de lugar”, se leía. Ese lenguaje desviaba la culpa de la revista hacia su fuente y eso atrajo aun más críticas. Dana dijo que lamentaba su redacción inicial. “Estaba bastante asustado”, dijo. “Me arrepentí de utilizar esa frase, rápidamente”. Temprano, esa noche, dio vuelta atrás a través de una serie de tuits. “Esta falta está en nosotros –no en ella”, escribió. Una nota del editor, revisada, apareció al día siguiente, utilizando un lenguaje similar.

Sin embargo, la versión final todavía se esforzaba en defender la actuación de la revista Rolling Stone. Se dijo que amigos de Jackie y activistas estudiantiles en la UVA “apoyaban fuertemente su historia”. Eso implicaba que esos amigos tenían conocimiento directo de la violación reportada. De hecho, los estudiantes apoyaron a Jackie como una sobreviviente, amiga y compañera reformadora del campus. Habían oído su historia, pero no podían confirmarla de manera independiente.


Mirando hacia adelante

Según Rolling Stone: ¿Un error excepcional o el fracaso de una política?

El colapso de “Una violación en el campus” no involucra invención por parte de reporteros, como ha ocurrido en algunos otros infames casos de crisis periodística. En el 2003, el reportero de The New York Times Jayson Blair renunció después que sus editores concluyeran que él había inventado historias a partir de la nada. En febrero, NBC News suspendió al presentador Brian Williams luego que él admitiera que había contado cuentos chinos acerca de sus reportajes en tiempos de guerra en Irak. No había evidencia en los materiales de Erdely o en las entrevistas con sus sujetos de que ella inventara hechos; el problema fue que confió en lo que Jackie le dijo, sin probar su exactitud.

“Ha sido una experiencia extraordinariamente dolorosa y humillante”, dijo Woods. “He aprendido que incluso las personas más confiables y experimentadas –inclusive, y quizás especialmente, yo– pueden cometer graves errores de juicio”. 

A pesar de todo, los editores principales de Rolling Stone son unánimes en la convicción de que el fracaso de la historia no los obliga a cambiar sus sistemas editoriales. “No es que yo piense que necesitamos renovar nuestro proceso, y no creo que necesitemos instituir necesariamente una gran cantidad de nuevas formas de hacer las cosas”, dijo Dana. “Solo tenemos que hacer lo que siempre hemos hecho y asegurarnos de que no cometamos este error de nuevo”. Coco McPherson, la jefa de verificación de datos, dijo, “Yo no creo que las políticas que tenemos en marcha fracasaran. Creo que las decisiones fueron tomadas evadiendo esas políticas debido al tema”.

Sin embargo, mejores y más claras políticas sobre prácticas de reportería, seudónimos y atribución bien podrían haber prevenido los errores de la revista. El departamento de verificación debió ser más asertivo al cuestionar decisiones editoriales sobre las que la verificadora del artículo justificadamente dudaba. Dana dijo que no se le informó de los agujeros en la investigación como el fracaso en contactar a los tres amigos o la decisión de utilizar atribuciones engañosas para ocultar ese hecho.

Políticas más fuertes y una comprensión más clara del personal en al menos tres áreas podrían haber cambiado el resultado final:

Seudónimos. Dana, Woods y McPherson dijeron que usar seudónimos en Rolling Stone es una cuestión evaluada “caso por caso” que no requiere reunión o revisión especial. Los seudónimos son inherentemente indeseables en periodismo. Estos introducen ficción y piden a los lectores confiar en que esta es la única instancia en que una publicación está inventando detalles a discreción. Su uso en este caso fue una “muleta” que le permitió a la revista avanzar evasivamente y llegar a un acuerdo con lagunas de información. Rolling Stone debería considerar prohibirlos. Si sus editores creen que los seudónimos son una herramienta indispensable para sus formas de escritura narrativa, la revista debería considerar utilizarlos con mucha menor frecuencia y sólo después de una robusta discusión sobre alternativas, alentando la disidencia.

Verificar Información Negativa. Erdely y Woods hicieron el fatídico acuerdo de no consultar con los tres amigos. Si el departamento de verificación de datos hubiera entendido que tal práctica era inaceptable, el resultado casi con certeza habría cambiado.

Confrontar Sujetos con Detalles. Cuando Erdely buscó “comentarios”, ella perdió la oportunidad de oír réplicas desafiantes y detalladas de Phi Kappa Psi antes de publicar. La verificadora de datos se basó únicamente en las comunicaciones de Erdely con la fraternidad y no confirmó de forma independiente con Phi Kappa Psi la versión que Rolling Stone buscaba publicar sobre el ataque de Jackie. Si tanto la reportera como la verificadora hubieran entendido que por política ellas debían compartir de manera rutinaria información negativa, detallada, con los sujetos de su investigación, Rolling Stone podría haber virado hacia una dirección diferente.

Para periodistas: Reportear sobre violación en el campus

Rolling Stone no es la primera organización de noticias en ser duramente criticada por su reportería sobre violación. De todos los crímenes, la violación es tal vez el más difícil de cubrir. Las dificultades comunes que los reporteros afrontan –incluyendo evidencia escasa y versiones contradictorias– pueden ser magnificadas en un entorno universitario. Reportear sobre un caso que no ha sido investigado ni juzgado, como Rolling Stone hizo, puede ser incluso más desafiante.

Hay varias áreas que requieren atención y deberían ser materia de continua deliberación entre periodistas: 

Balancear la sensibilidad hacia las víctimas y las demandas de verificación. A través de los años, consejeros sobre traumas y grupos de apoyo a sobrevivientes han ayudado a los periodistas a comprender la vergüenza asociada a la violación y la impotencia y el sentimiento de culpa de poder abrumar a las víctimas, particularmente a las jóvenes. Dado que cuestionar la versión de la víctima puede ser traumático, los consejeros han advertido a los periodistas que permitan a los sobrevivientes algo de control sobre sus propias historias. Este es un buen consejo. Sin embargo, no le hace ningún bien a los sobrevivientes si los reporteros documentan sus casos evitando prácticas rigurosas de verificación. Eso podría sólo someter a la víctima a mayor escrutinio y escepticismo.

Los problemas surgen cuando los términos del acuerdo entre sobreviviente y periodista no son enunciados. Kristen Lombardi, quien pasó año y medio publicando la serie del Center of Public Integrity sobre agresiones sexuales en campus universitarios, dijo que ella le explicitó a las mujeres entrevistadas que el proceso de reportería requería que ella obtuviera documentos, reuniera pruebas y hablara con tanta gente involucrada en el caso como fuera posible, incluyendo los acusados. Ella inició sus entrevistas asegurando a las mujeres que creía en ellas pero que lo mejor que podía hacer por ellas era asegurarse que no hubiera cuestionamientos sobre la veracidad de sus versiones. También permitió a las víctimas algo de control, incluyendo determinar el tiempo, lugar y ritmo de sus entrevistas.

Si una mujer no estaba lista para un proceso como tal, dijo Lombardi, ella estaba lista para retirarse.

Corroborar versiones de sobrevivientes. Walt Bogdanich, un reportero de investigación de The New York Times, ganador del premio Pulitzer, que ha pasado los últimos dos años reporteando sobre violaciones en campus, dijo que trata de localizar cada fragmento disponible de pruebas corroborativas –registros de hospital, llamadas al 911, mensajes de texto o correos electrónicos que hayan sido enviados inmediatamente después del ataque. En algunos casos, puede ser posible obtener vídeos, ya sea de cámaras de seguridad o de celulares.

Muchos ataques ocurren o inician en lugares públicos como bares, fiestas o casas de fraternidad. “La violencia sexual en los campus probablemente tiene más testigos, espectadores, etc. que la violencia en otros contextos”, dijo Elana Newman, una profesora de psicología de la Universidad de Tulsa que ha asesorado a periodistas sobre el trauma. “Puede ser útil para los periodistas pensar sobre todas las primeras señales y signos y las personas que vieron a las víctimas o las ignoraron al principio”, dijo ella.

“Cada caso de violación tiene múltiples narrativas”, dijo Newman. “Si hay inconsistencias, explica esas inconsistencias”. Los reporteros deberían también mantener en mente que el trauma puede afectar la memoria de la víctima y que esto puede ser causa de versiones fragmentadas y contradictorias.

Las víctimas frecuentemente interactúan con administradores, consejeros y miembros del personal de las residencias. “Siempre he encontrado que la gente más dispuesta a hablar es este personal de primera línea”, dijo Lombardi, que indicó que llamó o visitó a fuentes potenciales en sus casas o habló con ellos en background debido a sus preocupaciones sobre la privacidad de los estudiantes.

Las restricciones de FERPA son severas; sin embargo, la ley permite a los estudiantes acceder a los registros de su propia escuela. Estudiantes en universidades públicas pueden también firmar renuncias de privacidad que permitirían a los reporteros obtener sus registros, incluyendo expedientes e informes.

Además, hay una excepción de FERPA: en casos de agresión sexual que han alcanzado disposiciones finales y un estudiante ha sido encontrado culpable, las autoridades del campus pueden revelar el nombre del estudiante, la violación cometida y cualquier sanción impuesta. (El Centro Legal de Prensa Estudiantil proporciona buenos consejos para actuar de acuerdo a  FERPA).

Hacer responsables a las instituciones. Teniendo en cuenta las dificultades, los periodistas rara vez están en posición de probar culpabilidad o inocencia en cuanto a violación. “El valor real de lo que hacemos como periodistas es analizar la respuesta de las instituciones frente a la acusación”, dijo Bogdanich. Este enfoque también puede hacer más fácil persuadir tanto a víctimas como a perpetradores a hablar. Lombardi dijo que las mujeres que entrevistó estaban dispuestas a ayudar porque la historia era sobre cómo el sistema trabajaba o no trabajaba. Los acusados, por otro lado, frecuentemente estaban abiertos a hablar sobre errores percibidos en el proceso de sentencia. 

Para tener éxito en tal investigación, es necesario obtener una comprensión profunda de la maraña de reglas y directrices sobre agresiones sexuales en los campus universitarios.  Está el Título IX, la Ley Clery y la Ley de Violencia Contra la Mujer. Hay directrices de la Oficina de Derechos Civiles y recomendaciones de la Casa Blanca. El Congreso y las legislaturas estatales están proponiendo nuevas leyes.

Las responsabilidades que las universidades tienen en prevenir la agresión sexual en el campus –y los estándares de desempeño a los que deben atenerse– son asuntos importantes de interés público. Rolling Stone estaba en lo correcto al encargarse de ello. El patrón de su fracaso dibuja un mapa sobre cómo hacerlo mejor.

*Publicado originalmente por el Columbia Journalism Review el 5 de abril de 2015.