EL PREMIO DE SER UN REPORTERO

En tiempos en que la identidad de un periodista llamado a enfrentar al poder,palidece en las salas de redacción, el Reconocimiento a la Excelencia Gabriel García Márquez otorgado a El Faro de El Salvador, nos recuerda que un periodismo vigoroso es posible
Equipo periodístico de El Faro (El Salvador). Foto: FNPI.

Por Milagros Salazar

Publicado el 4 de octubre de 2016.  

En algunas salas de redacción, el ascenso más preciado es ser un reportero antes que el jefe. “Me tomó más de 16 años obtener este ascenso”, dice lanzando una carcajada el fundador de El Faro, Carlos Dada, quien luego de permanecer en Estados Unidos por una beca volvió en calidad de reportero a la sala de redacción que formó a puro pulso en su país: El Salvador. Dada celebró la noticia de haber vuelto a la cancha con algunos periodistas que asistimos el último fin de semana al Festival de Periodismo Gabriel García Márquez, en Medellín, donde El Faro obtuvo el Reconocimiento a la Excelencia por la alta calidad de su trabajo desde hace 18 años en que se convirtió en el primer periódico digital en América Latina y un referente para medios independientes en la región donde existe “una necesidad ética, no financiera, de contar historias”. Una necesidad de periodistas que han fundado sus propios medios para investigar y apostar por las historias en profundidad en diversos formatos y donde ha ganado el “mandamiento ético” antes que la lógica de mantener “un sueldo para poder vivir”. Son periodistas que quieren hacer esencialmente periodismo y que al igual que Dada celebran ser ante todo un reportero: el primer eslabón de la cadena de la producción noticiosa para investigar al poder.

La celebración del premio otorgado a El Faro se dio en la semana del Día del Periodista en Perú. Esta coincidencia es una oportunidad para transmitir algunas reflexiones de los miembros de El Faro, que antes que un periódico digital se autodefine como un “proyecto periodístico colectivo” esculpido por la autocrítica constante, “el argumento y el debate periodístico en la sala de redacción” para protegerse de “la comodidad y del resto de tentaciones”.

Miembros de El Faro en ceremonia del Premio Gabriel García Márquez. Foto: Agencia EFE. 

Carlos Dada lo dijo hermosamente la noche del 29 de setiembre durante la ceremonia del Premio Gabo 2016: “La Fundación Gabriel García Márquez nos ha bautizado como Los Incómodos. Lo tomamos como una acusación directa, y la apreciamos. Nos sabemos incómodos. Incómodos para el poder. Incómodos para los criminales. Incómodos para los corruptos. Somos tan incómodos que lo somos para nosotros mismos. ¿Pero acaso hay otra manera de hacer periodismo sino es desde la incomodidad? ¿Cómo puede un periodista sentirse cómodo, cómo puede acomodarse si a su alrededor pocas cosas, y poca gente parecen estar, funcionar, vivir bien?”.

“Para hacer periodismo es necesario renunciar a la comodidad”, apuntó Dada. Y esta es una premisa que marca el trabajo cotidiano de su equipo y que lleva a una reflexión ineludible: “Ir contra la corriente ha significado también decir lo que nadie quiere escuchar. Incomodar también a nuestros lectores. Hacerlo por creer que el periodismo no se debe a su público; sino a sus principios. Que la única manera que el periodismo tiene para ayudar a su comunidad es utilizar todas las herramientas a su alcance para decir incluso aquello que sus miembros no quieren saber”. Eso sucedió cuando El Faro informó en julio de 2015, que la Policía protagonizó ejecuciones sumarias y hubo montajes en la escena de los homicidios en una finca durante un enfrentamiento con las pandillas en El Salvador, considerado uno de los países más violentos del mundo.

“La gente decía que El Faro está defendiendo a pandilleros. Algunos otros escribían en las redes sociales: esta es la dirección de El Faro, vayan a quemarlo”, recuerda el editor general, Ricardo Vaquerano. Ante estas reacciones, “respondemos con más periodismo. Tratamos de ser impecables en nuestras investigaciones, cero errores de contenido”, agrega.

Ricardo Vaquerano se unió a El Faro en abril de 2008 luego de ser editor de La Prensa Gráfica donde asegura que enfrentó la censura. En el equipo liderado por Dada vio “un periodismo inteligente que estaba diciendo cosas que nadie se atrevía a decir”. En El Faro no tienes duda de tu identidad de periodista. “Pero en la mayoría de salas de redacción de los medios tradicionales parece que es una enfermedad vivir una crisis de identidad: ¿qué hago?, ¿quién soy como periodista?, ¿para qué existo? Hay poca claridad”, reflexiona.

Los dilemas éticos siempre van a existir. Pero otra cosa es que primen intereses alejados a los principios del periodismo. La premisa máxima: defender la verdad aunque cueste. En las reuniones editoriales de El Faro donde la autocrítica aparece con todo el vigor se han evaluado algunos riesgos de publicar tal o cual historia, pero se ha impuesto “la utopía de servir a la gente que no es lo mismo que darle a la gente lo que la gente quiere”, enfatiza.

Carlos Dada aseguró en una entrevista con Arcadia, que el punto fundamental es asumir una postura frente al poder. “La fórmula para mí es muy sencilla: a mayor poder, mayor responsabilidad, y esto significa poder económico y poder político. Si vivimos en una sociedad que creemos podrida, ¿quiénes son los responsables de esto? Pues quienes tienen poder: los que administran el Estado y los recursos. Nuestra postura es ante ellos”.

Como resultado, el equipo salvadoreño ha realizado investigaciones frente a diversas formas y representaciones del poder. Pero “nos hemos sentido más amenazados por agentes del Estado”, dice Ricardo Vaquerano tras explicar que esto fue más evidente luego de que pusieron al descubierto en 2012 el pacto secreto entre el gobierno y los líderes de las pandillas a cambio de beneficios penitenciarios. Después de estas revelaciones, los periodistas de El Faro recibieron protección policial durante dos años.

“No hay una agenda poderosa detrás de nuestras historias. Todos tenemos la posibilidad de publicar y no callarnos”, asegura Sergio Arauz, uno de los primeros periodistas contratados en esta sala de redacción donde asegura que es importante “cuidar el método y no ser un gritón que se queja y denuncia cosas”.

Sergio lleva quince años en El Faro y cuenta que no se ha ido porque valora que sea “un esfuerzo colectivo”. Desde el año pasado, siete de los 14 periodistas del equipo son accionistas, entre ellos Sergio, el director José Luis Sanz y los hermanos Óscar y Carlos Martínez, quienes han destacado por su cobertura sobre la migración y los personajes de la violencia desde la premiada Sala Negra. Por el momento, las cifras están en rojo porque lo que ha primado es seguir haciendo más periodismo: primero pensar qué es importante investigar para servir mejor a los ciudadanos y luego buscar los recursos para hacerlo posible.

El Reconocimiento a la Excelencia Gabriel García Márquez llegó para El Faro en momentos de muchos golpes, “cuando la gente decía que somos pro pandilleros por contar la verdad”, asegura Ricardo Vaquerano. Este premio, el primero que se otorga a un equipo periodístico, es “como apapacharnos”. “Este es un golpe de aliento, es revitalizador”. Y todos los reporteros lo celebramos.