Las tierras de Tamshiyacu

Telaraña de desinformación y resistencias

El caso de Tamshiyacu y la deforestación en manos de la empresa Cacao del Perú Norte en la región Loreto también está marcado por la desinformación, las percepciones y la desconfianza. De este escenario da cuenta la sección ‘Respuestas de la Sociedad Civil Local’ que forma parte del libro “Acaparamiento de tierras en la Amazonía peruana: El caso Tamshiyacu” de Juan Luis Dammert.

Publicado: 07/08/2017

Publicado: 07/08/2017

ESCRIBE JUAN LUIS DAMMERT/ Sociólogo e investigador de Oxfam*

Nunca en la historia de Tamshiyacu ha habido una empresa con operaciones de la dimensión desplegada por las sucursales de United Cacao. La empresa ha impactado las dinámicas urbanas y rurales de la zona, en tanto ha instalado una plantación de gran escala, ha iniciado un programa de créditos para la siembra de cacao (el PAPEC) y ha instalado su centro de operaciones en el pueblo. En este sentido la empresa ha contribuido al dinamismo comercial de Tamshiyacu, por la mayor demanda de alimentos y otros bienes de consumo y servicios. Está llegando gente de otras zonas (como Iquitos y Pucallpa) para trabajar en la empresa, en tanto la mano de obra local no reúne el conjunto de capacidades que la plantación necesita. Está creciendo el número de bares, hay más movimiento en hoteles y están creciendo los asentamientos humanos en la periferia del pueblo, aunque el crecimiento se está dando con escasa planificación urbana.

De acuerdo con un testimonio, la llegada de la empresa trajo una serie de cambios negativos en el pueblo: “más drogadicción, más prostitución, más asaltos”90. Al ser preguntado por los cambios que han ocurrido en el pueblo, uno de los entrevistados manifestó lo siguiente: “Es cierto que cuando entra la empresa hay cambios. Algunos que están trabajando están mejorando sus condiciones de vida. Pero no todos recibimos ese bienestar. Y ya no tenemos acceso a esa parte, no se puede entrar, para nada. Estamos muy prohibidos”.

Las personas entrevistadas que apoyan a Cacao del Perú suelen hacer referencia al dinamismo comercial y laboral que la empresa ha traído al pueblo.

Asimismo, algunos consideran que no existen otras alternativas actualmente en el pueblo. Así, por ejemplo, un entrevistado señaló lo siguiente: “¿Qué otro beneficio tiene el agricultor aparte del cacao? Me estoy haciendo viejo... la coca es un peligro. Se ha sustituido con cacao y café. No hay otro proyecto agrícola que reemplace al cacao acá en Tamshiyacu”.

En Tamshiyacu hay una serie de personas que se consideran afectadas por la expansión de la empresa, tanto en el pueblo mismo como en las comunidades aledañas, pero esto varía de acuerdo a cada comunidad. Por ejemplo, en Panguana primera zona (Panguana 1), los miembros del caserío se oponen firmemente a la expansión de la empresa, pero por otro lado en Centro Industrial “la gente está con el chip de Cacao” y por ahí “han vendido cualquier cantidad de tierras”. De acuerdo con otro testimonio, “en Centro Industrial han vendido y ahora se han tenido que ir más al fondo para hacer sus chacras”.

Hay casos intermedios como el de Panguana segunda zona (Panguana 2) donde un grupo de campesinos que tenían títulos en el marco del Decreto Legislativo 838 (los mismos títulos que los de la Asociación Los Bufaleros) vendieron a la empresa y luego algunos se arrepintieron, mientras que las autoridades del caserío y otros agricultores se oponen también a la expansión de la empresa.

En Panguana 1, el caserío está organizado y con la consigna de no dejar entrar a Cacao del Perú a lo que consideran sus tierras. Insisten además en que están dispuestos a “hacer justicia con sus propias fuerzas” si las autoridades no atienden su posición y la empresa decide entrar más allá del acuerdo de límites al que han llegado con ella. En su versión explican que “no queremos vender y no queremos que la empresa destruya nuestros bosques. Si lo permitimos, la plata es para hoy día. Pero en el largo de la vida, nosotros, nuestros hijos, nuestros nietos, ¿a dónde vamos a parar?”.

Un dirigente de la comunidad campesina Gran Perú señaló que “Hemos visto que en Malasia han dejado pelados miles de hectáreas. ¿Cómo podemos permitir que invadan y hagan eso? No se puede permitir. Estamos en contra de esta situación. Y en contra de la gente que ha permitido”. En la perspectiva de los ciudadanos afectados, la empresa tiene el objetivo de hacerse de todas las tierras que están en los lados de la carretera de penetración que existe desde el pueblo de Tamshiyacu hacia el bosque. A esto añaden que la empresa, con sus furgonetas y tractores, actúan como los dueños de la carretera.

Si bien los conflictos por la tierra son generalizados, no todos los actores condenan la deforestación de gran escala. En el espacio local, la percepción sobre el problema legal asociado con la deforestación es variada. Uno de los testimonios señaló que “en un terreno con título de propiedad nada tiene que ver el Estado”. Y más allá de la cuestión legal, se refirió al tema de la deforestación en un sentido más amplio, en estos términos: “La selva es inmensa, acá nomás hay un lunar. ¿Y el resto? Trillones de dólares que llegan para cuidar esa selva. ¿Y al campesino? El agricultor es pobre y la selva es rica. ¿Quién se coge esa plata? ¿Las ONG? ¿El gobierno? Las ONG son lobos vestidos de ovejas”.

El alcalde de Fernando Lores tampoco comparte el tono condenatorio con el que los grupos ambientalistas se refieren a la deforestación en Tamshiyacu. A pesar de que indica que no conoce a fondo el tema de la deforestación, comenta sencillamente que “la empresa ha tumbado monte y ha sembrado cacao. Y nuevamente han empezado a crecer los árboles”. Estas percepciones sobre la deforestación son también comunes en Iquitos y en general entre los ciudadanos amazónicos. Un funcionario de la Autoridad Local del Agua (ALA) de Loreto comentó, por ejemplo, que “en la plantación de Tamshiyacu la cobertura se va a regenerar. Están sembrando además especies forestales. Eso era bosque secundario”

Toma panorámica del área de explotación de Cacao del Perú Norte. 31/10/15. Foto: Kené Instituto de Estudios Forestales y Ambientales.

Toma panorámica del área de explotación de Cacao del Perú Norte. 31/10/15. Foto: Kené Instituto de Estudios Forestales y Ambientales.

Respecto al rol del Estado, la percepción generalizada de estas personas es que las autoridades no toman cartas en el asunto.

En el caso de la quebrada contaminada y los peces muertos, por ejemplo, algunos ciudadanos afirman que recurrieron a las autoridades pero estas no hicieron nada. Una solución que proponen es llevar personalmente los peces muertos a laboratorios independientes; cualquier gestión oficial o vinculada con la empresa es vista con desconfianza. De acuerdo con uno de los testimonios recogidos, “Tamshiyacu es un león dormido. Pero si las autoridades se coluden con la corrupción, se organizan y derrotan a la corrupción. Las autoridades son una tira de imbéciles. Nunca sabemos qué hacen. Somos un león dormido. Las autoridades nunca han hecho absolutamente nada”.

La desinformación en la zona es bastante pronunciada. Por supuesto que los lugareños ven cotidianamente lo que sucede y saben quiénes son los diferentes actores y cuáles son sus roles, pero cuando se trata de aspectos comerciales o burocráticos que escapan la jurisdicción varios actores asumen como ciertos algunos rumores o datos abiertamente falsos. Una activista local, por ejemplo, aseguró en una reunión con este investigador y otros ciudadanos afectados que la empresa “ya había deforestado 30 mil hectáreas en la zona”, lo cual es a todas luces incorrecto, o que “el Gobierno” les acababa de dar 15 mil hectáreas adicionales –de lo cual no hay ninguna noticia. En una línea similar, una persona aseguraba que la empresa ya había sellado un acuerdo con una comunidad para la compra de sus tierras mientras otra aseguraba que la empresa había sido expulsada de ahí en muy malos términos. A estos ejemplos se suman los casos ya comentados de desinformación respecto a contratos de los cuales no se conservan copias o la noción de que las tierras revertirán al Estado si no son trabajadas.

Los “grupos de afectados” no cuentan con una organización centralizada, aunque en algunos casos coinciden en reuniones y acciones concretas. La Iglesia local, por ejemplo, les brinda apoyo en términos de infraestructura para reuniones o facilitando la escasa información que tiene a su disposición, además de que promueve una red de promotores ambientales cristianos, la red de Promotores Comunales Ambientales de Tamshiyacu, que le hace seguimiento a este proceso. Esta red tiene miembros en los diferentes caseríos del distrito y a pesar de sus escasos recursos y discreción, es en la práctica una presencia importante de articulación e información para los agricultores de estas zonas.

Existe nominalmente un Frente de Defensa de Tamshiyacu, cuyo líder se opone a la presencia de la empresa en la zona, pero este frente no ha tenido en los últimos años mayor vida orgánica ni capacidad de convocatoria, aunque esto posiblemente cambie ahora que la directiva ha sido recientemente reemplazada. De acuerdo con un testimonio, “el Frente está en contra de la empresa, pero en una ocasión el pueblo casi los ha apaleado, por eso yo me retiré de ese frente”

Un rol opositor contra Cacao del Perú lo juega una pequeña ONG (que se refiere a sí misma como una asociación civil)104 llamada Asociación Civil el Puente de la Amistad (ACELPA) que ahora tiene entre sus actividades la adquisición de tierras en la zona para conservarlas y evitar que caigan en manos de la empresa.

ACELPA fue impulsada por una pareja –una ciudadana europea y un ciudadano de Tamshiyacu– que tiene en la zona un albergue ecológico (Camp Moteloy) dedicado a terapias con medicina tradicional, entre estas el ayahuasca (Banisteriopsis caapi). La organización se ha dedicado a conseguir fondos a través de sus contactos extranjeros que vienen a recibir tratamientos espirituales. Camp Moteloy trabaja en coordinación con una organización alemana, “Brücke El Puente Europa-Perú”, donde se publicitan las actividades de permacultura y contacto con la naturaleza promovidas en Tamshiyacu, y a través de las cuales se consiguen algunos fondos. Estos fondos han sido utilizados principalmente para financiar la educación de niños y jóvenes de Tamshiyacu. Actualmente, ACELPA considera que en Tamshiyacu se está realizando una agresión sistemática contra los agricultores a través de la deforestación de gran escala. En ese contexto, busca construir alternativas para ofrecer opciones concretas para que los agricultores conserven sus parcelas a través de la permacultura, que es el enfoque que promueven en la zona.

Existen al menos tres albergues dedicados al uso de la medicina tradicional en las inmediaciones de Tamshiyacu. Existe un flujo de turistas limitado, pero relativamente visible, que visita la zona para embarcarse en diversas curas y dietas, entre ellas sesiones de ayahuasca. Preguntado al respecto sobre los procesos de titulación en la zona, un funcionario de DISAFILPA señaló que “hay muchos pedidos de extranjeros para predios donde hacen ayahuasca. No solo la empresa está comprando predios por allá”

Efectivamente, una de las líneas de trabajo de ACELPA es identificar terrenos en riesgo de ser adquiridos por Cacao del Perú y comprarlos. Apuntan principalmente a terrenos de entre 20 y 50 hectáreas, cuyos titulares tienen interés en vender sus predios. Al momento de entrevistar a un representante de ACELPA en abril de 2016, se informó que ya habían adquirido 15 terrenos para estos fines. Habían comprado principalmente a personas mayores y pagando un precio más alto en los casos en que el bosque estaba más conservado. El objetivo es conservar el bosque primario e incluso han considerado la creación de un Área de Conservación Privada (ACP) con este fin, aunque no todas las áreas que han adquirido son contiguas. En las zonas ya intervenidas, de acuerdo con el personal entrevistado, se plantea desarrollar actividades en armonía con la naturaleza, siempre bajo el enfoque de la permacultura. ACELPA espera que otros agricultores de la zona repliquen este enfoque.

Algunos actores del pueblo ven con desconfianza esta estrategia. El alcalde, por ejemplo, señaló que “Hay intereses. Hay gente que dice que cuida los bosques, compra terrenos, pero no sabemos quién se beneficia. Lo que han comprado ya no puede entrar nadie a cortar un pequeño palito, a sacar hojas, etc.”. De acuerdo con otro de los testimonios recogidos, “hay ONG que compran tierras con el cuento de parar a Cacao pero le quitan tierra al campesino. Le dan 10 mil soles, ¿y qué le queda al campesino?

ACELPA busca interactuar con los demás actores sociales de la zona. De acuerdo con su propio testimonio, sus aliados estratégicos son la parroquia, el Frente de Defensa de Tamshiyacu, Construcción Civil, la Asociación de Agricultores y las instituciones educativas. Estas son las organizaciones locales que se oponen a la expansión de Cacao del Perú Norte. Pero también tienen como parte de su agenda pedirle cuentas al alcalde respecto a las obras: vías y trochas carrozables principalmente. La parroquia es un actor articulador importante en tanto juega un rol activo en la sensibilización ambiental, entendida como “defensa de la creación”, pero no interviene en la confrontación con autoridades o la empresa.

A través de las redes de ACELPA con organizaciones europeas se dio la conexión con Salva la Selva, que realizó denuncias mediáticas respecto a la deforestación en Tamshiyacu y fue a su vez denunciada por la empresa en Alemania por difamación.

La empresa ganó la demanda y Salva la Selva se vio obligada a rectificarse de sus afirmaciones, particularmente por haber afirmado que Cacao del Perú había amenazado agricultores en Tamshiyacu, cosa que Salva la Selva no podía probar. De acuerdo con la versión de un afectado local, la empresa se encargó de propagar la noticia en Tamshiyacu de que le habían ganado el juicio a Salva la Selva y que esta les daría una reparación civil.

Las actividades de la sociedad civil en Tamshiyacu han sido impactadas por la notoriedad que ha cobrado el caso en los ámbitos regional, nacional y hasta global. ACELPA ha organizado algunos eventos en Tamshiyacu con el Comité del Agua, organización articuladora del activismo ambiental en Iquitos. La deforestación en Tamshiyacu es uno de los casos emblemáticos a los que hace seguimiento este Comité. En palabras de su coordinador, José Manuyama:

Foto: Diego Pérez.

Foto: Diego Pérez.

“Hay una agresión sistemática al ecosistema amazónico: madera, petróleo, oro y ahora la deforestación masiva en Tamshiyacu. Esto ocurre ante la vista y paciencia de todos. No había un colectivo que asuma la defensa ante esta situación. Hay un deterioro generalizado que está deteriorando al planeta a nivel global. Alguien a nivel local tiene que asumir esta batalla. Hay que detener estas amenazas y que haya una nueva manera de convivir con nuestro entorno sin depredarlo”

Esta nueva manera implica fortalecer el turismo y promover el uso de plantas medicinales. Manuyama agrega que “la economía amazónica subsiste porque la naturaleza subsidia y no cobra. El día en que nosotros tengamos que pagar como en otra parte, esto va a colapsar. La naturaleza tiene un límite y le estamos haciendo daño. Ese límite es el que encuentra Dennis Melka porque viene y arrasa con el bosque. Le importa un comino la Amazonía, simplemente es un negocio”

Por el sexto aniversario del Baguazo, el 5 de junio de 2015 se organizó una movilización en Iquitos a la que asistieron representantes de Tamshiyacu y el tema de la deforestación en esta zona fue una de las banderas de lucha. La conexión con la dirigencia del Comité del Agua, en particular con una de sus figuras visibles –José Manuyama– ha permitido darle mayor visibilidad regional a los reclamos de Tamshiyacu. En el 2016 hubo otra marcha que tenía entre sus consignas el alto a la deforestación en Tamshiyacu, que fue precisamente la marcha que le costó su puesto en el municipio a Ruperto Vásquez. Quien estaba anteriormente al mando del Frente de Defensa de Tamshiyacu percibía que se ha formado una alianza entre SPDE, ACELPA y Salva la Selva pero reconoce que no hay mayor articulación de estas organizaciones con el Frente y hace referencia a la falta de proyectos y presupuesto para las acciones de resistencia –el Frente no cuenta con recursos mientras que percibe que estas otras organizaciones cuentan con grandes recursos. A pesar de las carencias, el dirigente indica que han continuado con las labores de “sensibilización en comunidades” y reconoce el apoyo logístico que recibe de la Iglesia para sus actividades. En la percepción del dirigente, el GOREL está coludido con la empresa, pero “si siguen beneficiando a Cacao, él va a seguir yendo comunidad por comunidad”. En una perspectiva voluntarista similar, la mayoría de afectados hacía referencia a tomar “otras medidas” frente a la empresa en tanto las vías institucionales no funcionan para ellos.

Sin embargo, prácticamente la totalidad de quienes se consideran afectados por Cacao del Perú Norte demandan asesoría legal. Para algunos casos emblemáticos, la Sociedad Peruana de Ecodesarrollo (SPDE) ha brindado asesoría y acompañamiento en procesos judiciales. Asimismo, ACELPA ha brindado asesoría en la medida de sus posibilidades. Sin embargo, es notable que en un caso emblemático y mediático como este, muy cercano a la ciudad de Iquitos, no se hayan desplegado mayores redes de ONG y defensores de derechos para asistir a los ciudadanos afectados en su causa. En una reunión con autoridades y agricultores de Panguana 1, estos explicaron que para que las autoridades del caserío hagan gestiones en Iquitos, se tienen que hacer colectas en el pueblo para costear los viajes y trámites. Añaden que “no encontramos aliados para que nos apoyen en esta defensa” y que “no tenemos a dónde acudir porque todos nos dan la espalda”



Descarga el libro "Acaparamiento de tierras en la Amazonía peruana: el caso de Tamshiyacu", publicado por Wildlife Conservation Society (WCS) y Oxfam en Perú

Accede aquí al especial ‘Amazonía arrasada’


Testimonios

Pobladores de Tamshiyacu (Loreto) cuentan cómo las empresas del grupo Melka los han despojado de sus tierras con amenazas o han invadido sus parcelas.







(1) Entrevista Estado # 27.

(2) Entrevista Ciudadanos Afectados # 3

(3)Entrevista Ciudadanos Afectados # 4

(4)Entrevista Ciudadanos Afectados # 7



*Juan Luis Dammert es licenciado en sociología por la PUCP y doctor en geografía por Clark University, Massachusetts. Ha sido consultor para el Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, Wildlife Conservation Society, GRADE, entre otros. Ha sido también investigador de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental y profesor en la PUCP. Actualmente trabaja como investigador de Oxfam en Perú.